sábado, 28 de febrero de 2015

Fanfic de los Tributos - Guerra de Fandoms

Holaa!!!
Les dejo el fanfic que hicieron los tributos!!!

Tributos – Guerra de Fandoms
Fan-Fic
71° Juegos del Hambre
JOHANNA MASON

     Parte 1

Día 1: La cosecha.
Ese día el miedo se mostraba en la cara de todo el mundo. Niños, adolecentes, adultos y viejos.
El día está nublado y estoy segura de que lloverá en un rato. El frío se cuela como una serpiente por nuestros cuerpos.
Todos observan callados a la mujer del Capitolio, Hailie Thompson. Sus ropas son tan brillantes y cegadoras como siempre. Pero la verdad es que sigo sin entender cómo puede lucir tal cosa sin sentirse un caramelo gigante.
Dirijo mi mirada hacia Karen y Olivia, mis hermanas pequeñas. La primera tiene diez y la segunda dos. Me parece increíblemente cruel tener hijos: ¿Para qué tener uno si tiene que vivir en un mundo donde la mayor diversión es ver si otras personas, incluso alguna que quizá conoces, mueren o matan?
Mis hermanas se encuentran junto a mi madre y mi padre, estos nos miran a mí y a mi hermano (que está junto a los demás chicos de su edad) con preocupación, cruzando los dedos para que los dos papeles que escogerá la mujer no digan nuestros nombres.
-¡Queridos habitantes del Distrito Siete, bienvenidos a una nueva Cosecha! -comienza a decir la “cosechadora” como la llamamos en este lugar. Su voz suena tan melodiosa y aguda como siempre- ¿Ansiosos? ¡Espero que lo estén tanto como yo! Estoy segura que la gran mayoría de ustedes se está preguntando quienes serán “nuestros” representantes en la 71° edición de Los Juegos del Hambre. –la mujer sonríe alegremente. Su acento capitolense se resalta cuando nombra los juegos mortales. - ¡Felices Juegos del Hambre, y que las probabilidades estén siempre, siempre a su favor!
La multitud responde con el silencio. Los padres se toman de las manos. Las niñas intercambian miradas; y los niños tan solo bajan los ojos con angustia.
-¡Comenzaremos con las damas! –anuncia Hailie , aún sonriendo. Sus esqueléticos dedos se sumergen en el recipiente lleno de nombres y escogen uno al azar. Todo el mundo aguanta la respiración. La cosechadora toma el papel y lo alisa para poder leerlo. Justo en ese momento, el mundo se cae para mí y para mi familia.
-¡Johanna Mason! –exclama la mujer, y su sonrisa se ensancha.
Miro para todas partes, esperando que la chica llamada así camine hacia el escenario.
-¿Johanna Mason? –vuelve a decir Hailie, esta vez con un dejo de pregunta en su voz.
Tardo unos segundos en reaccionar y darme cuenta de que esa soy yo.
Yo.
Con los labios temblando y los ojos desorbitados, me abro paso entre las demás chicas de mi edad y voy directo al escenario. No levanto la mirada, soy presa de la conmoción.
La mujer ríe al verme y me da unas palmaditas en la espalda.
-Tardaste un poquito querida, ¿verdad? ¡Supongo que la emoción no te ha dejado moverte! – me dice. Luego mira al público, esperando que rían como ella… Pero no lo harán. No lo harán porque saben que esto no es ningún espectáculo, no para ellos.
Asiento con la cabeza sin escuchar realmente lo que dice. Mi cerebro, automáticamente, comienza a preguntarse cómo sobreviviré las próximas semanas.
Un sollozo resuena en el silencio funerario. Reconozco que pertenece a mi hermanita Karen, que llora en el regazo de mi madre, entendiendo que quizá no vuelva a compartir una cena con su hermana “Johy” nunca más. Mi madre la abraza, tratando de no quebrarse. Aprieta los dientes y retiene una lágrima. Mi padre me observa dolido desde la distancia. Sabe que debe ser fuerte y no llorar… por lo menos no ahora. La única que no muestra señas de dolor es mi otra hermana: es demasiado pequeña para entender lo que sucede.
-Bueno, bueno, querida… ¿Cuántos años tienes? –me pregunta Hailie Thompson.
Desvío mi mirada hacía ella, y la mujer tiene que repetir la pregunta para que esta logre entrar por mis oídos.
-Diecisiete. –respondo con un susurro apenas audible.
-¿Cuánto? No escucho, habla en el micrófono. –me indica la cosechadora mientras me acerca el aparato. Repito mi respuesta y esta asiente con emoción.
-Bueno, eso está bien. – me contesta, mientras su peluca (es imposible que eso sea cabello) color verde radiactivo se sacude cuando esta mueve la cabeza, demostrando su evidente alegría. – Ahora, antes de proseguir con los caballeros, me gustaría saber si hay algún voluntario que quiera presentarse en lugar de esta hermosa jovencita.
Sé que no lo hay, porque en todos los distritos a excepción del 1, 2, y 4, los voluntarios son tan nulos que la gente casi ha olvidado que existen.
-Es tú día de suerte, querida, – me informa Hailie con una sonrisa. – ningún voluntario por ahora.
Silencio aún más profundo que antes.
-Bueno, ahora sí… prosigamos con los caballeros.
La mujer vuelve a meter la mano en el recipiente, solo que esta vez en el de los chicos.
Rebusca un poco hasta que encuentra un pequeño papel que le gusta.
Deseo con todas mis fuerzas que no diga el nombre de mi hermano. Ya bastante tengo con el mío ¿verdad? No sería bueno si mi hermano es elegido junto a mí. Aparte, es su segundo año en la cosecha… las probabilidades deberían estar a nuestro favor, por lo menos un poco.
-¡John… - La mujer mira el papel confundida, como si hubiera algo incorrecto con el apellido. La ansiedad me llena los pulmones… Mi hermano se llama John. “No digas Mason, no digas Mason, no digas Mason” suplico. – Pkalugwater!
Respiro aliviada y cierro los ojos para tranquilizarte. Johny está bien.
El chico que corresponde al nombre, avanza al estadio aturdido, con el miedo proyectado en el rostro. Casi siento pena por él, pero el alivio es más grande que esta. Debe tener alrededor de catorce años. Cabello marrón oscuro como yo, y ojos color café. Típico chico del distrito. Nada especial. Pero su posible muerte es igual de injusta que la mía. O la de los demás tributos.
-¡Perfecto! Querido, ¿Qué edad tienes? –le pregunta la mujer. El niño responde que tiene catorce, justo cuanto pensaba. –Bueno, bueno, ¿Algún niño que se presente voluntario por este encantador jovencito?
Más silencio. Una mujer grita el nombre de su hijo y cae al piso con tristeza. El chico no parece tener ningún hermano, amigo o familiar que se preocupe lo suficiente por él para presentarse voluntario. La mujer sigue llorando desesperadamente en el piso… sus gritos son lo único que se oye entre tanto silencio.
Luego de esto, el alcalde hace lo mismo que todos los años: lee el Tratado de Traición. Sin embargo no presto atención… no, mi mente comienza a pensar; a formar una estrategia… “¿Cómo ganarás esta cosa, Johanna? ¿Cómo?”
Durante todo el tiempo que el hombre habla pienso en esto, pero no llego a una conclusión real hasta que suena el himno y nos hacen retirarnos del estadio. Los agentes de la paz nos escoltan a través del Edificio de Justicia y nos dejan a cada uno en una habitación separada. Me explican que mi familia y mis amigos vendrán allí para despedirse.
Solo estoy sola unos minutos, y en estos, observo el lugar: sillones verdes, alfombras caras y paredes color oro. Hermoso lugar para decirle adiós a mi vida.
Las puertas de madera por las que entré un tiempo atrás se abren y mi hermana Karen entra corriendo. Me abraza las piernas mientras las lágrimas siguen recorriendo sus ojos. Mis padres y mis otros hermanos la siguen desde atrás.
-Johy, no te puedes ir… - me suplica Karen mientras le devuelvo el abrazo – Debes quedarte. No te pueden alejar de nosotros.
Retengo las lágrimas al ver su rostro suplicante ¿Cómo me despediré de esta niña?
Me siento en un sillón y la atraigo hacia mí con otro abrazo. Comienzo a susurrarle cosas al oído.
-Tranquila, Kar, no pasarán más de unas semanas hasta que vuelva a verte ¿sí? Sé que cuidarás esta familia.
Trato de sonar tranquila y que no se me quiebre la voz… No puedo llorar, no puedo dejar que me vean salir de aquí llorando como una niñita estúpida. Tengo que ser fuerte.
Mis padres se acercan y me abrazan también.
Mi madre llora en mi hombro y la consuelo con unas palmaditas en la espalda. Esto es más duro de lo pensé que sería.
Mi padre le toca el hombro y ella se aleja, sabiendo que él me quiere decir algo en privado.
Karen la sigue, ni siquiera tienen que pedírselo… es muy perceptiva.
Las palabras de mi padre son un susurro. Nadie más aparte de mi las oye.
-Escúchame, Johanna, no tenemos mucho tiempo. Eres buena con el hacha… una de las mejores. Pero no debes dejar que nadie lo note. Tienes que ser una sorpresa. Que nadie lo espere. –me dice rápidamente.
Asentí. Había estado pensando en lo mismo: un ataque sorpresa podría ser una buena idea.
-Lo sé, pienso lo mismo. Debo actuar como una débil en los entrenamientos y la arena y luego matarlos a todos en los últimos días. –le comento con ferocidad. Asiente y me besa la frente. Los labios me tiemblan un poco.
Mi padre lo nota y niega con la cabeza.
-Y no reprimas las lágrimas. Parecerás más débil e indefensa si sales llorando hecha una cría que si sales con la cara seca y fuerte. Debes tragarte el orgullo y actuar.
Asiento nuevamente… Esa idea no se me había pasado por la mente. “Que inteligente padre que tengo” Pienso.
-Puedes ganar. –me susurra, mientras me da un beso en la frente y me agita el cabello. Luego de esto se aleja de mí.
John se acerca y me da un abrazo también. Sus ojos verdes –como los de mi padre- me miran con tristeza.
-Te extrañaré, Johanna. –me dice con un susurro. Alboroto su cabello anaranjado (que es idéntico al de mi madre) y me largo a llorar, siguiendo la estrategia de mi padre.
-Yo también, John. –contesto. Y no hace falta nada más que decir entre nosotros: con esas tres palabras nos dijimos un millón de cosas.
Por último, la pequeña Olivia se acerca a mí, observando extrañada la escena.
-¿Adónde vas, Yana? –me pregunta. Todavía no sabe decir mi nombre bien, así que para ella soy su hermana “Yana”. No sé que responderle a este pequeño ser, tan inocente y dulce.
-Yana se debe ir por unos días, Oli. –Le contesto con una sonrisita, mientras las lágrimas siguen cayendo por mis ojos, silenciosamente.
Ella no entiende del todo lo que quiero decir, pero me regala un beso en la mejilla a medida de despedida.
-Vuelve pronto… -me pide- quizá cuando vuelvas de tu viaje puedas jugar conmigo en el barro otra vez.
La mención del barro me recuerda a cuando hace unas semanas ella y yo, luego de un día de lluvia, fuimos a revolcarnos en él. Una sonrisa se dibuja en mis labios.
-Te lo prometo.
No me gusta hacer promesas que no pueda estar segura de cumplir, pero esta vez parece necesario.
Lo peor, es saber que hubiéramos podido jugar en el barro de nuevo.
Pero Los Juegos del Hambre son más peligrosos afuera de la arena a diferencia de adentro.
Día 3: La Inaguración.
Mis amigos también vinieron a despedirse. Básicamente entraron a la sala y lloraron conmigo. Lo único que hicimos fue permanecer abrazados durante cinco minutos. Nada más. Y para despedirnos no nos dijimos más que "Adiós". Pero está bien.
Luego de eso nos llevaron a la estación de tren y estuvimos viajando durante todo el día hacia el Capitolio. Hicimos una parada en el Distrito 4 para cargar gasolina y seguimos camino.
En el tren conocimos oficialmente a nuestros mentores Sabille y Blight (hay más vencedores vivos en nuestro distrito, es solo que este año les toca a ellos educar a los tributos), si bien estaban en la Cosecha, no hablamos personalmente con ellos hasta ese momento. Nos dijeron que cada mentor debía seleccionar solo a un tributo. Blight, el hombre, me eligió a mí y Sabille, la mujer, a John.
Le expliqué a Blight mi estrategia en una habitación separada del resto donde John y Sabille no pudieran escucharnos. El hombre me confesó que le parecía una buena idea. Me dijo que hasta que no revelara mi instinto asesino en los Juegos iba a tratar de mantener a los patrocinadores tranquilos, a menos que me encontrara en una situación de vida o muerte extrema, en ese caso iba a pedir colaboración. Me gustó su idea y me agradó el hombre en sí: llevarme bien con mi mentor era algo bueno.
Sabille, en cambio, era un tanto extraña. Su rostro indica que es adicta a algún tipo de droga o alcohol. Ojos huecos y ojerosos, piel amarillenta y cabello descuidado. Tiene mirada perdida y expresión de locura.
Luego de hablar con los mentores, Hailie nos hizo mirar las demás Cosechas. Como todos los años, los tributos del Distrito 1, 2 y 4, se presentan voluntarios y se los ve fuertes y saludables. Todos los demás son un par de enclenques miserables. A excepción del hombre del 5, que es alto y extremadamente atlético, la mujer del 9, de figura esbeltica y entrenada; y ambos del 10 y del 11: cuatro jóvenes de mi edad fuertes y musculosos.
En total, eso significa que la verdadera competencia son doce tributos… Demasiado para mi gusto.
Cuando observamos nuestra cosecha, trato de ver si luzco tan débil e idiota como quiero. Si, lo logro. Los comentaristas de las cosechas dicen que soy “una muchacha asustada que no entiende el honor y beneficio que se absorbe al ir a los Juegos del Hambre”. Perfecto. Incluso John parece creérselo.
Llegamos a nuestro destino ese mismo día, a las diez de la noche.
El lugar estaba desierto. Uno habría esperado que la estación estuviera repleta de capitolenses ansiosos por ver a sus tributos, pero no.
Hailie Thompson nos guío por un gran edificio azul y enorme que según lo que nos cuenta, es el Centro de Entrenamiento: tiene trece plantas, la primera es donde entrenaremos y las otras doce son las individuales de cada distrito. La nuestra está en la planta siete. A parte de nosotros, según Hailie llegaron los tributos de los distritos 1-6. Esta misma noche llegaran los del 8 y 9. Los del 10, 11 y 12 llegaran mañana temprano.
Subimos en ascensor hacia nuestra planta y cuando entramos al lugar, nos mostró nuestras habitaciones (cada unas más grande que toda mi casa) y nos dijo que nos presentáramos a cenar de inmediato y que luego de eso podíamos bañarnos e ir a la cama. También nos informó que nos iba a despertar a las diez de la mañana para desayunar y que a las once nos iba a llevar con nuestros estilistas.
Al otro día, Hailie cumple su promesa y a las once en punto, John y yo entramos a dos habitaciones distintas donde nos esperan los estilistas.
La mía se llama Gigi. Y por lo que me dice, la del chico se llama Gwen.
Gigi y yo almorzamos juntas: carne de cordero con una delicada salsa agridulce de miel y limón. Acompañado de una ensalada de verduras exóticas que hasta ahora nunca había visto. De postre nos dan una torta de algo marrón, espeso y dulce llamado chocolate. Al igual que ayer, casi vomito todo el almuerzo, ya que mi estomago no está acostumbrado a tanta cantidad y variedad en una sola comida.
Luego del almuerzo, Gigi me explica como planearon la abertura de los Juegos este año. Me dice que al igual que siempre, quieren que los trajes recuerden al público a los árboles.
Tras esta información, al principio pensé que el traje que ibamos a vestir iba a ser un desastre. Pero estaba equivocada.
No es solo un desastre, es un desastre brilloso y verde fluorescente.
Nos colocaron un traje elastizado que se pega a nuestros cuerpos color verde oscuro. La tela tiene unas bolitas planas y brillantes llamadas lentejuelas por todas partes. Son de color verde intenso y fluorescente. Tan solo verlo hace que quieras correr la mirada. Nos obligan a ir descalzos con unas cintas con pequeñas hojitas atadas delicadamente en los tobillos. En la cabeza llevamos una gran melena verde que representa la copa de los árboles. Pero lo peor de todo no es eso, no... Lo peor es que tengamos que llevar un gran hacha cada uno "¿qué clase de idiotas son estos estilistas?" Me pregunto a medida que tomo la mía.
John parece preguntarse lo mismo.
Entramos en un carruaje verde con caballos marrones.
Como todos los años, nos sucede lo mismo que a los demás tributos de nuestro distrito: casi nadie nos presta atención.
Lo único que parece distinto es que, por lo menos en este, los capitolenses más extravagantes nos señalan y aplauden por las lentejuelas… pero quitando eso, exactamente igual que siempre. Mismo disfraz, mismo fracaso.
Me cuido de lucir muerta de miedo en la Inauguración también: hago que el hacha tiemble a mi lado, y mis labios no paran de moverse nerviosos. Piel pálida, ojos como platos. Estúpida y miedosa niñita.
El Presidente Snow, un hombre bajo y con cabello blanco como la nieve, da un pequeño discurso al final de la Inauguración. Luego de esto nos dirigimos a nuestras habitaciones, nos duchamos y  vamos  al comedor para cenar. Mas tarde nos hacen mirar las repeticiones de la Inauguración. Sinceramente, lo ignoro y apenas me autorizan me voy directo a la cama: estoy agotada.
Día 7: Los Entrenamientos.
En la mañana del primer día de entrenamiento, Blight y yo tuvimos una charla. Él me dijo que siguiera con el plan y que luciera débil como en los últimos días. Lo obedezco.
Cuando Hailie nos acompañó a la sala subterránea de Entrenamientos, mi plan comenzó. Mis manos se movían nerviosas, mis piernas temblaban con brutalidad y mis labios estaban rosados y palpitantes. Pero el toque especial fue que en el ascensor hice un pequeño berrinche y lloré, diciéndole a Haile que no quería entrar, que tenía miedo. La mujer se lo tragó (Y John también) y aunque me sentía algo ridícula haciendo tanto escándalo me gustó comprobar que cuando entré al lugar llorando y gimiendo todos los tributos peligrosos me lanzaron una mirada arrogante, como si fuera una presa fácil. En mi mente sonreía. “Vamos, idiotas, subestímenme…así cuando entremos en la arena, rogarán porque vuelva ser esta llorona .”
Los tres días de entrenamiento entré de una forma similar. Primero, lloré. Después, supliqué de rodillas. Y por último, grité desesperada. En un momento tuvieron que asistir los agentes de la paz y obligarme a entrar.
En los entrenamientos no hacía mucho: tiraba algunas hachas de forma mediocre, tratando de que pareciera que no me salía bien pero que me esforzaba. También traté con los cuchillos. No me esforcé y le supliqué a los dioses que nadie lo notara. Lo mismo hice con los tridentes y lanzas. Lo que sí traté de aprender fue distinguir las plantas comestibles. A la mayoría las conocía de los bosques de mi Distrito, pero había algunas pocas que nunca había visto y que seguramente estaban en la arena. Este año había también una pequeña pileta para aprender a nadar. Te debías colocar un traje impermeable en el baño y el entrenador te daba algunas clases básicas.
Cada tanto encontraba la mirada de John puesta en mi… algo me decía que ese pequeño chico sabía lo que yo planeaba. Pero era pequeño y no parecía peligroso. Me sentí asqueada de mi misma al encontrarme pensando que sería fácil matarlo. Pasara lo que pasara, no mataría a un niño de catorce años… ni a este ni a ningún otro.
Mientras los tributos entrenamos, los Vigilantes nos observan desde la lejanía y analizan cada uno de nuestros movimientos, tratando de adivinar quién ganaría
En los almuerzos (que duran una hora completa), nos trasladan a un comedor y nos informan donde debemos sentarnos. Hay cuatro mesas distintas, una en cada punta del lugar. En cada mesa están agrupados tres distritos. El uno, dos y tres en una mesa. El cuatro, cinco y seis en otra. El siete (el nuestro), el ocho y el nueve en la de la izquierda; y el diez, once y doce en la de la derecha. Supongo que el Capitolio hace esto para tratar de formar alianzas entre nosotros más fácilmente.
En mi mesa somos todos flacos y algo débiles a excepción de la chica del 9, que es una de las que me llamó la atención en la Cosecha. Debe tener entre 17 y 18 años. Trató de recordar que hacen en su distrito… creo que cultivan granos, al igual que el Distrito 11, pero también los industrializan. Por lo que sé, tienen muchas fábricas… quizá la mujer sea fuerte, pero no debe conocer mucho la naturaleza. Eso me da una ventaja sobre ella.
No hablamos mucho solo comemos y nos miramos en silencio… Nadie parece querer aliados por ahora.
En la hora del almuerzo de ese mismo día, nos comienzan a llamar a todos para nuestras sesiones privadas. Blight me pidió que no demostrara mis habilidades del todo, que como máximo debo obtener un seis de puntuación. A medida que llaman a los tributos (primero al chico y luego a la chica) el lugar se va vaciando.
Cuando me llaman a mí, obedezco sus instrucciones. Me retiro de la sala temblando como siempre y tratando de llorar y parecer miedosa.
En mi sesión privada, decido tirar algunos cuchillos y hachas… No suficientemente bien pero tampoco del todo mal.
Los Vigilantes no me prestan mucha atención, me ignoran y hablan entre ellos. Esto me resulta irritante, pero decido no hacer nada y esperar a que me dejen irme.
Cuando me retiro a la planta de nuestro distrito, John, Hailie, Blight y Sabille se encuentran en la mesa, esperándome para tomar el té. Me siento en mi lugar y cuando llega la comida,Gwen y Gigi entran en la sala y se unen a nosotros. Nos preguntan cómo nos fue y ambos respondemos que nos ignoraron completamente. Nos preguntan si seguimos el plan y ambos respondemos que sí. Una pequeña duda se aparece en mi cabeza: ¿Cuál será el plan de John? Él debe preguntarse lo mismo respecto a mí “¿Cuál será la estrategia de la chica llorosa?” debe decirse a sí mismo.
Cuando terminamos de comer, nos informan que podemos retirarnos a nuestras habitaciones hasta la cena, y que luego de esta iremos al salón principal para ver las puntuaciones en la televisión.
Ya en mi habitación, me baño y ordeno algo para comer. Tengo que aprovechar la oportunidad de comer mientras pueda.
Cuando llega el momento de las puntuaciones, me sorprendo al ver que John recibió un ocho ¿Un ocho? ¡Es una de las mejores puntuaciones! Me pregunto qué otras sorpresas estará escondiendo este chico.
Cuando me muestran a mí, mi puntuación resulta ser un cinco. No es buena, pero no es del todo mala. Lo suficientemente baja como para que los demás tributos me ignoren pero lo suficientemente alta como para que los patrocinadores no lo hagan; por lo menos no durante todos los Juegos.
Después de las puntuaciones nos vamos a dormir, agotados por la intensidad del día. Pero antes, Hailie nos informa que mañana debemos prepararnos para la entrevista de Caesar Flickerman, que es en un par de noches. Nos explica que tendremos unas horas de presentación y etiqueta con ella y otras de contenido con nuestros mentores personales.
Día 10: La Entrevista de Caesar Flickerman.
Debo admitir que mi vestido para la entrevista es muchísimo menos ridículo que nuestros trajes de la Inauguración.
Es verde oscuro, y tiene un tul muy suave que cae delicadamente. En la parte de abajo tiene unas flores verdes hermosas, al igual que en las magas y en la cintura. Uso unos tacos a marrón que hacen juego con los aros de plumas que llevo. El vestido es razonablemente cómodo comparado con los tacones. Llevo un peinado extraño y suelto, con una especie de trenzas. El maquillaje consiste en una sombra verdosa en los ojos, polvo moreno y una fina capa de brillo labial rosado.
Entro a mi entrevista justo después que el tributo masculino del Distrito seis.
A penas me llaman, pongo manos a la obra el plan que acordamos con Blight: parecer inocente, pequeña, humilde y nada peligrosa. El atuendo y maquillaje que eligieron para mi trata de resaltar todas esas cosas. Blight le explicó el plan a Gigi y ella diseño todo. Tengo que admitir que lo hizo bien. Mis maquillistas, Gregory, Fain y Lydia, dijeron que estaba hermosa. Claro que para ellos toda la ropa es hermosa.
La verdad, no me siento nerviosa, pero debo actuar como tal.
Caesar me da un apretón de manos y yo sonrío con timidez.
-Hola. –le digo con un susurro.
Él me devuelve la sonrisa, notando como tiemblo y lo nerviosa que parezco.
-Bueno, Johanna, debe ser extraño pasar de un lugar lleno de árboles y naturaleza a una ciudad como el Capitolio ¿verdad? –me dice. Asiento ante su pregunta. -¿Te gusta?
-¡Claro que sí! ¡Es hermoso! ¡Nada se compara con esta ciudad tan maravillosa! Excepto la comida… ¿verdad?
Caesar ríe ante el comentario y asiente.
-Estoy de acuerdo contigo, la comida es maravillosa.
El público se nos une a las risas y aplauden al entrevistador.
- Johanna… ¿Qué te parecieron tus trajes hasta ahora? ¿Te gustan?
Tuve que mentir y decir que había adorado el traje de la Inauguración y que este lo adoraba todavía más.
-Me encantaría poder usarlos todos los días ¡Son excelentes! Aunque creo que me mirarían algo raro ¿no crees? Quiero decir, se ensuciarían algo rápido en mi distrito.
-Sí, tienes razón… Pero quien sabe, quizá cuando ganes aparecen mágicamente en tu casa. –me hace una seña de complicidad y me río tontamente. El público se suma.
-También quería preguntarte algo… Recuerdo que en la Cosecha había una niña llorando… ¿acaso esa niña es tu hermana? –me pregunta.
Se me hace un nudo en la garganta.
-Sí, -respondo. – lo es.
-¿Tienes más hermanos?
Asiento.
-¿Cuántos?
Le hablo de mi familia durante el resto de la entrevista. Cuando suena el “¡GONG!”, Caesar me desea suerte y me retiro riendo como una idiota y tratando de lucir estúpida. Parece funcionar.
Luego de mí, va John. En su entrevista hablan principalmente de su puntaje… A Caesar le parece extraño que un niño de catorce haya conseguido un ocho. John le explica que no es tan débil como parece y Caesar le contesta que eso es obvio, que tiene tantas posibilidades de ganar como los demás. Siguen hablando por un rato más y luego John se va.
Después de las demás entrevistas, debemos cantar el himno y volver nuevamente a nuestra planta.
Cuando llegamos allí, nos espera una deliciosa cena. Luego de comer, vemos la repetición de las entrevistas. Me observo riendo y pareciendo humilde y veo que funciona y que cada tanto enfocan a los tributos mirándome como si fuera una imbécil. A penas termina el espectáculo, John y yo nos despedimos de todos menos de los estilistas y el equipo de preparación: mañana nos despertarán a la madrugada y nos llevaran a las Catacumbas (el lugar desde donde nos enviarán a la arena) por lo que no volveremos a ver a Hailie, Blight y Sabille a menos que ganemos los Juegos.
-Blight, gracias por todo… fuiste un gran mentor –le digo al hombre.
-Y todavía no ha terminado, Johanna… te conseguiré todos los patrocinadores que pueda. –me responde.
Sonrío.
-Gracias. Un gusto conocerte. –le contesto.
-No me hables como si no volviéramos a vernos… -me suplica. – En menos de dos semanas estarás junto a mí… te lo prometo.
No me gusta que me haga una promesa que no está seguro de poder cumplir.
-Bueno, lo que digas. –digo de mala gana. -¿Qué hago cuando comience el baño de sangre?
-Toma una mochila con provisiones, si puedes un cuchillo o un arma pequeña y sal de ahí lo más rápido que puedas. Busca una fuente de agua y quédate cerca de ella, pero no estés siempre en el mismo lugar… muévete. No dejes que te rastreen.
Asiento y vuelvo a agradecerle. Lo abrazo y me despido de Hailie.
Después de esto, me voy a la cama, sabiendo todo lo que me espera mañana.
No puedo evitar sentirme verdaderamente nerviosa y la sensación que se apoderó de mí cuando dijeron mi nombre en la cosecha vuelve a relucir.
Tardo más o menos tres horas en dormirme. Cuando mis ojos finalmente se relajan, el reloj marca lasdos de la madrugada. Y me despertarán a las seis
Aunque duermo por unas horas, la ansiedad y miedo por estar cara a cara con la muerte sigue agitándose en mi interior.



Parte 2
Los juegos

Día 11
Temprano por la mañana, Gigi toca la puerta de mi habitación avisando que es hora de partir.
No he dormido casi nada pensando en lo que pueda pasar hoy. Sin embargo, estoy muy alerta.
Cuando logro despavilarme, voy hacia el salón principal y Gigi toma cargo de la situación. Me dice que me duche y lo hago. Una vez que estoy limpia y seca, ella seca mi pelo, lo peina y lo ata en un rodete.  Luego me entrega la ropa que debo usar: una musculosa negra y pantalones militares. Unas botas y un cinturon ancho. Nada más.
Ya vestida y peinada, dos agentes de la paz nos escoltan hacia las Catacumbas. Me transpiran las manos y mi cuerpo tiembla. Gigi lo nota y me pasa botellas de agua que tomo con ferocidad.
Agua. Es lo principal. ¿Habrá agua en la arena? ¿O moriremos deshidratados? Hubo unos juegos en los que la arena era un lugar en ruinas. Era una completa sequía, sin árboles ni vegetación. Seco. Los tributos murieron en cuestión de días debido a la falta de agua. Fueron unos juegos terribles. A partir de entonces, la arena siempre tiene una fuente de agua, asi que descarto la posibilidad de que eso vuelva a pasar.
                                                               Johanna – dice Gigi, trayéndome devuelta a la realidad. - Llegamos.
     Nos sentamos a esperar el momento en que me llamen y yo deba subirme a la plataforma.
Tengo que pensar bien que voy a hacer. Blight me había dicho que debía agarrar una mochila con provisiones, algúna que otra arma y huir. Pero, conseguir un arma significa entrar en el baño de sangre, puesto que es seguro que las armas esten cerca de la Cornucopia y los profesionales vayan por ellas como si se tratara de algo vital. Bueno, básicamente, lo es. ¿Estoy preparada para eso?
                                                               Si que lo estás. - me dice Gigi. La miro desconcertada y caigo en la cuenta de que dije la ultima frase en voz alta.  - Podrás hacerlo. Lo se.
      En ese momento se escucha una voz que me dice que debo ir a la plataforma. Me paro como puedo, porque las piernas no me ceden y respiro profundo. Antes de dar un paso, Gigi me toma por los hombros y me abraza. Yo le devuelvo el abrazo porque lo necesito, y ella es lo único que tengo antes de entrar a ese otro mundo, un lugar horrible en el que matan por diversión.
                                                               Podrás Johanna. Ganarás, lo se.
                                                               Gracias, Gigi.
                                                               Nos vemos pronto, ¿si?
      Asiento, no muy segura, pero si confiada. Me paro en la plataforma y el tubo se cierra y me eleva.
  Rápidamente un aire fresco me golpea. La plataforma se clava y veo de que se trata.
     Es un bosque lleno de árboles y vegetación, flores y por supuesto, agua. Que debo encontrar, porque no hay rastro. Busco con la mirada a John. No logro ubicarlo.
La voz de Claudius Templesmith, el presentador de los juegos, se deja escuchar.
                                                               ¡Que comienzen los Septuagésimos Primeros Juegos del Hambre!
     Entonces, la cuenta regresiva termina y corremos. No hay mochilas en mi dirección pero pronto diviso una. Voy corriendo por ella y la tomo, pero no estoy dispuesta a irme sin un arma. No se como proveerme de una. Y la respuesta llega de la peor manera. A mi lado, cae una chica con un gran cuchillo clavado en la espalda. Miro en todas las direcciones para ver quien se lo lanzó y veo a una de las profesionales. La chica del 4. Ella viene corriendo hacia mi con un hacha dispuesta a cortarme el craneo. ¡Un hacha! Reacciono, tomo el cuchillo de la espalda de la chica y comenzamos una batalla cuerpo a cuerpo. Esquivo los hachazos como puedo y cuando se me presenta la oportunidad, le hundo el cuchillo en el estomago. Sangre comienza a salir de su boca y yo me aparto horrorizada. La chica cae al suelo y me doy cuenta de que debo salir de aquí. Tomo el hacha, porque no me atrevo a tomar el cuchillo,  mi mochila y me largo.  
      Corro hacia el bosque, esperando que los arboles me sirvan de camuflaje. Cuando siento que me alejé lo suficiente del peligro, me detengo y observo el lugar. Es un lugar hermoso. Es una pena que sea utilizado para esto. 
       Veo unos grandes arbustos que me servirán como escondite y no lo dudo. Me siento detrás de ellos y comienzo a revisar lo que tengo.
        La mochila que yo tomé en primer lugar tiene una soga, un gancho que me sirvie para trepar, una bolsa de dormir y una botella. Vacia. Claro, como si los Vigilantes fueran a darme agua.  ¿Por qué iban a hacerlo? Es mas entretenido que nos matemos por conseguirla. Por eso, ¿qué mas da lo que una chica piense? 
      El aire es fresco, pero mi cuerpo necesitará el agua dentro de unas horas y las botellas que tomé antes de entrar a la arena no me van a ser suficientes. Decido seguir buscando, así que me levanto y con hacha en mano me adentro más y más en el bosque.
     No se cuantas horas pasan, pero siento que voy caminando en círculos. No hay rastro de agua, por lo que me detengo, agotada y armo una especie de campamento cerca de unos grandes árboles.   Recorro el perímetro en busca de plantas comestibles que puedo identificar con facilidad. Conozco los arboles y las plantas de memoria y obtuve unos conocimientos en los entrenamientos también. Se que se puede comer y que no, por ende no corro peligro de intoxicarme. Logro juntar unas moras, bayas y hojas y las raciono. De todas formas, el hambre no es lo que mas me preocupa. De repente, suenan los cañones. Los cuento y son 10 tributos caídos en total. Quedamos 14.
      Se hace de noche muy pronto para mi gusto y mi cuerpo ya esta pidiendo agua. Cansada, ignoro el hecho de que mi lengua parece lija y me duermo. No me preocupa el hecho de que me ataquen puesto que el sonidito de una rama me despierta y porque ademas, es muy dificil que me encuentren.
       Horas despues, el himno de Panem me despierta y las fotos de los tributos caidos iluminan el cielo. El chico del 3 aparece primero, seguido de la chica del 4. Verla me produce un nudo en el estomago. Ella fue mi primer asesinato. Yo la maté. Estas son cosas que te dejan marcada de por vida. La chica del 5 es la siguiente. Supuse que el chico de su distrito seguiría vivo. Los dos del 6 y nuestro distrito es salteado. Eso significa que John sigue con vida. Me pregunto dónde estará, si está bien y tiene provisiones suficientes como para sobrevivir. Continúan las imágenes con los dos del 8 y reconozco a la chica. Es la que cayó a mi lado con el cuchillo en su espalda. El chico del 9, el chico del 10 y la chica del 11. Sello de Panem y devuelta a la oscuridad.

       Día 12
   La mañana fue una tortura. Me costó mucho poder levantarme y seguir caminando.  Debía buscar una fuente de agua urgente.
   Caminé por muchas horas, no se cuantas, pero fue una eternidad. Me dispuse a juntar mas moras para distraerme cuando escuché gritos.Luego, dos cañonazos. Me puse super alerta y mire para todos lados.  Escuchaba el ruido de pisadas muy próximas a mi. Me voltee y vi a la chica del 10 y al chico del 11.  Ella lo ayudaba a caminar ya que él se veía realmente mal. Cojeaba y por el tajo que tenía en su pierna deduje que era una herida muy profunda.Al parecer había una alianza entre esos distritos. Me agaché para evitar que me vieran, pero era inutil porque no eran una amenaza para mi. Él estaba herido y ella agotada. Los hubiese acabado en un minuto,pero alguien me sacó la horrible tarea . Un chico salió de los arbustos y se enfrentó con la chica que  se defendió como pudo, pero acabó con un tajo en el cuello. Él chico del 11 gritó, pero fue inutil y termino muerto también y a los dos segundos se escucharon los cañones. Fue en ese entonces que me di cuenta de quien era él. Era John. Él se dió cuenta de mi presencia y se dió la vuelta.
                                                               ¿Johanna?
Salgo de mi escondite y lo observo. No se parece en nada al chico del tren. Esta es una versión mas sinisestra de él. Tenía razón con respecto a lo que le dijo a Caesar: ”No soy tan débil como creen”
                                                               John – digo pero mis voz es como un susurro.
De repente me invade el miedo de que él pueda hacerme algo. Apreto el hacha con fuerza en caso de que decida atacarme. Sin embargo permanece allí parado.
                                                               No voy a hacerte daño, Johanna.
No estoy muy segura de confiar en él por lo que me limito a mirarlo.
                                                               Tranquila – me dice y estira su mano - ¿Aliados?
Dudo pero termino cediendo. Después de todo, es de mi distrito.
                                                               Aliados – respondo y tomo su mano.  Avanzamos unos metros para dejar que se lleven los cuerpos.
                                                               Pense que no pasarías el baño de sangre. - comenta, rompiendo el silencio.
                                                               Yo pense lo mismo sobre ti. - Supongo que su plan tambien era parecer débil para pasar desapercibido  - Por casualidad, ¿Has encontrado agua?
                                                               Sí – él saca una botella similar a la mía; está por la mitad. -Es lo único que me queda. Tómala, la necesitas mas que yo.
Miro la botella, es lo unico que nos queda y ya no soy la únca. Él también pronto la necesitará.
                                                               Tómala -me obliga - Se donde encontrar más.
La acepto y me obligo a tomarla traguito a traguito. Mi cuerpo se relaja al instante, feliz de ser escuchado.
                                                               El único problema -  dice John – es que ya no tengo acceso a ella.
                                                               ¿Cómo?
                                                               Encontré un lago y me quede allí. Pero luego aparecieron y tuve que irme, no quería que me mataran.
                                                               ¿Quiénes?
                                                               El chico del 5 y la chica del 9. No me atreví a enfrentarlos, por eso me fui. Pero puedo volver, recuerdo el camino.
Debí suponerlo. Tanto él como ella, ambos son muy fuertes. Consiguieron puntuaciones altas en los entrenamientos individuales y deben de tener entrenamiento. Claro que él no podrá solo.
                                                               ¿Has visto algo más? ¿Alguna alianza?
                                                               Los distritos 1 y 2.
                                                               Obviamente.
Evalúo todas las opciones posibles. ¿Quién sabe si no lo hacemos, cuanto tiempo mas vamos a sobrevivir? Ninguna persona en su sano juicio lo haría. Es un sin sentido. Dos enclenques como John y yo contra los tributos del distrito 5 y 9. Sin embargo, no hay mucho por hacer.
                                                               Vamos a enfrentarlos.
Él me mira desconcertado y con los ojos muy abiertos.
                                                               ¿Qué? ¿Estás loca? ¿No viste su tamaño? Son letales. Déjemoselo a los profesionales.
Ruedo los ojos. Acaba de matar sin piedad a otros dos tributos y ahora tiene miedo de enfretar a otros. Probablemente sea eso. Él los mató porque estaban débiles, en cambio el chico del 5 es el triple de su tamaño y bastante activo, lo mismo se puede decir de la chica del 9.
                                                               ¿Tenemos otra opción? ¿O planeas morir deshidratado?
Él parece pensárselo y termina por aceptar.
                                                               De acuerdo.
Ya que él es que sabe donde encontrar el supuesto lago, lo dejo liderar la marcha. Nos detenemos cada tanto y el revisa los árboles en busca de alguna señal.
                                                               Marqué los áboles – comenta – para poder volver.
Seguimos caminando unos minutos mas hasta que damos con él. En efecto, alguien estaba cuidando el lago. Pero no había rastro de ningún tributo. Solo habia provisiones.
                                                               Tendremos que ser rápidos. Llenar las botellas e irnos.
John asiente y avanzamos. Logramos llenar ambas botellas y cuando estamos por irnos, un cuchillo pasa a dos centimetros al lado de mi cabeza. Ambos reaccionamos y nos damos vuelta para encontrarnos con la chica del 9. Ella corrió hacia nosotros y se abalanzó sobre mí. Con su cuchillo me hizo un corte el el brazo, John intentó clavarle un cuchillo en la esplada, pero fue mas rápida y lo golpeó en la cabeza dejándolo inconciente. Luego volvió a mi, pero recuperé mi  hacha que había soltado del susto y se la clavé en el pecho. El chico del 5 nunca apareció. Ella cayó al piso y sonó el cañón. Corrí hacia John y le tiré agua para que despertara. Tardo unos minutos en estar del todo conciente. Estaba confundido y mareado. Lo obligue a sentarse y a tomar agua; obedeció sin objetarse.
Antes de irnos, tomo todas las provisiones  y nos alejamos. Cuando estamos lejos, encunetro unos arbustos y nos sentamos detras de ellos para ocultarnos. John sigue un poco atontado por el golpe por lo que le digo que descanse y que yo monto guardia.
Mientras duerme, observo las provisiones. En lo principal, había comida. Manzanas, galletitas saldas y tiras de carne.Dos botellas, llenas de agua.Más las nuestras, ya son cuatro. Un cuchillo, un saco de dormir y vendas.También moras y bayas.Unas moras llamaron mi atención. No las conocía de mi distrito, pero si las vi en el entrenamiento. Eran moras tóxicas. No me equivocaba cuando creía que tendría ventaja sobre ella al saber que plantas comer y que no. Podría haber muerto de todas formas. Me deshago de ellas. 
Decido racionar los alimentos para poder sobrevivir unos cuantos dias. Como una manzana y  dos galleta salada. No tengo mucha hambre despues de todo. Lo que si hago es terminarme una botella yo sola. Necesitaba saciar mi sed.
Ya mas relajada, despierto a John, que se sobresalta. Lo calmo y lo despierto para que coma un poco.
                                                               ¿Dónde crees que estaba el chico del 5? - suelto de repente
                                                               No lo se – contesta- pero no estará muy feliz al ver que robamos toda su comida.
Río ante su comentario y el también, pero luego se pone serio.
                                                               Eso se va a infectar. - me dice y veo que se refiere al corte del brazo. No es profundo, pero si no lo curo, podría ponerse feo.
                                                               Espera – John saca de su bolsillo unas plantas que no reconozco y las mastica. Luego las escupe en una de las vendas y me la ata al brazo. - Son plantas medicinales. Conozco algunas.
                                                               Gracias, John. - Él asiente y continúa comiendo.
La noche cae rapidamente sobre nosotros y tanto la oscuridad como los arbustos nos camuflan bastante bien. Sin embargo hay que estar alerta.
                                                               Duerme. Yo hago la guardia. - él parece quejarse y yo lo ignoro - Cuando me canse, prometo despertarte.
Termina por aceptar y se duerme. A cabo de unas hora el himno de Panem suena por todo el estadio. John se despierta y observa el cielo que muestra las imagenes de los tributos. La chica del 9 es la primera seguida de la chica del 10 y el chico del 11. Y por último los dos del 12. Éstos últimos habrán sido los primeros cañones que escuché por la mañana.
                                                               Si quieres, duerme. Yo no estoy cansado.
Asiento, porque yo si lo estoy, y me sumerjo en un profundo sueño.

Día 16
Los ultimos días han transcurrido con total normalidad. Bueno, si consideramos normal el hecho de que no ha muerto nadie. John y yo fuimos varias veces al lago para proveernos de agua. Seguía sin haber rastro del chico del 5. Quizá creyó que los profesionales eran los que habían matado a la chica del 9 y por eso se alejó. Las prosibilidades son muchas. Mi brazo también estaba mejor. Las plantas que me había puesto John en el brazo no habían sido suficientes y mi brazo estaba hinchado y puzante. Entonces la ayuda de Blight llegó.  Una especie de pomada para los cortes. Me coloqué la venda con las plantas y la pomada y  sanó de inmediato.
Entrada la tarde, John y yo salimos a recolectar ya que la comida estaba escaseando y había que tener provisiones. Él me enseñó los distintos tipos de plantas medicinales que había y yo le mostré las bayas, moras y plantas comestibles, sin embargo, nunca lo aprendió porque varias veces tuve que obligarlo a escupir moras venenosas. En un momento le dije:
                                                               Ve a buscar agua, yo me quedo para recolectar.
                                                               De acuerdo.
   Junte muchas moras y bayas. Tambien plantas medicinales por si acaso y cambié mi venda, tal como había visto a John hacerlo.
    El sol se estaba poniendo y John no regresaba. No escuché un cañon, asi que descarte la idea de que hubiese muerto, pero si escuche gritos. Salí disparada hacia ellos y encontre de donde provenían. El chico del 5 estaba sentado a horcajadas encima de John tratando de clavarle un cuchillo en la frente. No se como es que John pudo enfrentarse cuerpo a cuerpo con el teniendo en cuenta su tamaño, pero no me pare a pensarlo porque cuando el chico del 5 iba a clavarle el cuchillo yo clavé mi hacha en su espalda. Sangre brotó de su boca y salpicó a John.El cañón no tardó en aparecer. El chico cayó encima de John y lo aparté para que pudiera salir. Era realmente pesado. Nuevamente me horrorize al ver que la que mató al chico fui yo. Pero lo que mas impresión me dió fue el gran corte que tenía John en la parte abdominal. Honestamente, no se como no murió.
    Llene rapidamente las botellas y arrastré a John hacia donde estaba nuestro campamento. Lo recosté en el saco de dormir y le quité la camisa. Estaba empapada de sangre, y lo que siguió despues no fue muy agradable de ver. El corte no era demasiado profundo, pero era serio. Limipié su herida con agua y mestiqué una y otra vez las plantas. Desenrollé una venda, puse las plantas y un poco de pomada y  se la até alrededor del cuerpo para que permaneciera apretado. Pero John estaba moribundo.
  Después de volver a cambiarle la venda y de que lo obligara a hidratarse, John se durmió. Agotada y asustada por lo que pueda pasarle, traté de mantenerme despierta, pero no pude.

Día 18
Por la mañana, la voz de Claudius Templesmith, retumbó por todo el estadio.
                                                               Atencion tributos, por la tarde se celebrará un banquete. En él podrán encontrar lo que cada uno sabe, necesita con urgencia. Esta es la única oportuidad, no la desaprovechen.
John despierta peor que nunca. Le cuesta formular palabras y cada vez está mas débil. No puedo quedarme aquí. Tengo que sanarlo. Al parecer la medicina no fue suficiente. Probablemente debido a la magnitud de corte.  Asi qué cuando cae la tarde me dirijo a la Cornucopia.
Permanezco escondida entre los arbustos con el hacha en la mano y el cuchillo en el cinturón. Y observo. Hay cajas metalicas esparcidas cerca del gran cuerno. Cada una tiene el numero del distrito correspondiente a los tributos que quedan en  juego.  Cuando Claudius anuncia que el banquete comienza salgo disparada hacia la caja que contiene el numero 7. Pero no llego muy lejos ya que el cuchillo clavado en la pantorrilla me lo prohibe.Grito de dolor y lo quito. Me levanto a rastras. La chica del 3 viene corriendo hacia mí con una espada en alto , pero me levanto y la bloqueo con el hacha. Ella intenta clavarme la espada y la esquivo. Entonces ella me pega una patada en la boca del estomago que hace que el aire se me vaya por unos minutos. Aprovecha la ocación y se me tira encima pero yo soy rápida y le clavo unas 5 veces el cuchillo en la panza. Muere instantaneamente. Me la saco de encima sin sentir pena alguna y sigo corriendo.
La escena que se está dando en la cornucopia me recuerda al primer dia de los juegos. Es un gran baño de sangre. Los profesionales se estan enfrentando. Al parecer su alianza no duró demasiado. Yo corro por mi mochila en el momento en el que el chico del 1 le clava un puñal al chico del 2. Entonces el chico toma su caja, la del distrito 2 y se larga. Yo sigo buscando la  que me pertenece. Cuando doy con ella el chico del 4 se cruza en mi camino y me golpea en la nariz. Sangre, mucha sangre brota de ella y me hace reaccionar . Le lanzo con todas mis fuerzas el hacha que se termina por clavar en su cabeza. No me detengo a ver como muere desangrado, asique tomo mi hacha, la caja y me voy.
De regreso al campamento que armamos con John comienzan los cañones. Los cuento. Uno, dos, tres, cuatro. El cuarto me llama la atencion, y cuento de nuevo. La chica del 3 y el chico del 4. Ambos los maté yo. El chico del 2 y no se me ocurre nadie más. A no ser...
Corro lo mas rápido que la pierna me deja . Y cuando llego me encuentro con John.Tirado en el cesped. Muerto.
Me acerco a su cuerpo, todavía tiene la temperatura normal, pero ya no tiene pulso. Lágrimas salen de mis ojos como lluvia. John se fue. John, el chico que me sanó la herida del brazo, el que prefirió hacer una alianza antes que matarme, el que me ayudó a sobrevivir. Ya no está. No puedo hacer nada salvo juntar todas las provisiones y marcharme para que puedan llevarse su cuerpo.
Llevo unos cuantos metros caminando cuando el aerodeslizador se lleva a John. Lloro en silencio por él y por su familia. Pero hay un sentimiento mas profundo que la tristeza en estos momentos: el enojo. El enojo hacia esas personas que nos someten a esto, que nos obligan y nos maltratan. No planeo seguir  las reglas de esto. Lo único que deseo es salir de esta pesadilla.
Sigo caminando hasta que la pierna ya no me responde y me detengo a ver la gravedad del corte. Pequeño y no tan profundo. Abro la caja del banquete que, claramente, contiene la medicina destinada a John. Me coloco una especie de crema color rosa en la herida y un alivio me recorre el cuerpo. Es más efectiva que la pomada que me envió Blight. Tomo agua, una botella completa y como las ultimas galletas saladas con algunas bayas y algunas moras. Busco un buen escondite para pasar la noche y me duermo con la ira floreciendo dentro de mí.

Día 20
El día de ayer, caminé casi todo el día buscando a los demas tributos, decidida a terminar esto. Pero no encontré nada. Me alejé del lago, e incluso volví a la Cornucopia. Nadie. Parecía como si todos se hubieran ido y me hubieran dejado a mi en la arena. Asique acampé cerca de la Cornucopia para ver si alguien aparecía. Nada. LLegada la noche, me camuflé con las hojas lo más que pude y esperé.No dormí en toda la noche y cuando el sol comenzaba a salir, caí rendida.
Cuando despierto, el sol se esta poniendo y  sigue sin haber rastro de los otros tributos. Me levanto y camino  por alrededor del cuerno. Cada vez mas desconcertada. Y derepente lo escucho. Gritos. Muchos gritos, no distingo bien de quien. Si de mujer o de hombre. Y algo más. Un ruido extraño. Como un graznido.
De pronto, los tributos del 1 salen corriendo del bosque perseguidos por una bandada de cuervos, o algúna especie de pajaro del capitolio. Un muto. Sin embargo, ellos llegan mas rápido y soy testigo de una carnicería. Los pajaros arrancan la carne del cuerpo de los tributos a tirones. Desde donde estoy puedo ver el tamaño de los colmillos de esos pajaros. Mutos, sin duda alguna. Es realmente horrible ver esto. Justo cuando estoy por irme suenan los cañones que marcan la muerte de los tributos . Me alejo horrorizada y no me atrevo a mirar atrás. El aerodeslizador llega y las aves salen volando perdiendosé en el horizonte. Retiran los cuerpos de los tributos (o lo que queda de ellos) y de nuevo silencio.
En ese moento comienzo a pensar que todo acabó, que ya gané, que sobreviví. Pero despues caigo en la cuenta de que no soy la única persona en la arena. Hay alguien más conmigo.

Día 21
La noche fue fría, la peor noche de la arena. Símbolo de que todo termina. No ha dejado de llover en todo el día tampoco y ya me estoy cansando. Lo único que quiero hacer es escapar de este lugar. No puedo permitirme estar ni un segundo mas, si no, voy a enloquecer. Dejo todo mi campamento y recorro todo el perímetro de la Cornucopia con el hacha en la mano. Después me atrevo a alejarme un poco más. El barro me dificulta el caminar, pero me mantengo firme.
Unas cuantas despues soy consciente de que recorrí mas de la mitad de la arena. Decido volver a la Cornucopia en busca más armas. Pero cuando llego no hay nada. Mis cosas no están. Miro para todas partes y no encuentro a nadie. Pero si escucho bien claro lo que me gritan.
                                                               ¿Buscás esto? - La chica del distrito dos agita mi botella de agua con una sonrisa maliciosa.
    Eso es todo. Por fin apareció y no voy a tener piedad. Voy a terminar con esto de una vez. Agarro con firmeza mi hacha y camino a pasos agigantados hacia ella. Debo decir que tiene un gran cuchillo, pero eso no me intimida en lo más mínimo. Cuando estoy a metros de ella me detengo.  Ella lanza lejos la botella y toma con firmeza su cuchillo.
                                                               Despedite de tu distrito y tu familia – me avisa. Y es ahí cuando la batalla comienza. Corro hacia ella y nuestras armas chocan, ella se suelta y trata de clavarme el cuchillo en el pecho pero yo la esquivo y le haco un corte en el brazo. Ella ni se inmuta y sigue tratado de reducirme.  Su cuchillo me hace un corte en la mejilla y otro a la altura del codo. El corte arde, pero me digo a mi misma que no es momento de mariconear. Ella aprovecha y se abalanza sobre mi con el arma, yo la detengo a tiempo y ella retrocede.
No me he dado cuenta, pero tiene varios cortes más en los brazos , el pecho y la cara. Corro con el hacha hacia ella y me esquiva. Me toma desprevenida y me patea la muñeca haciendo que el hacha salga volando. Se aproxima a mi con el cuchillo y me hace varios cortes, uno de ellos es en el muslo derecho, el cual me produce un gran dolor.  Como puedo corro hacia el hacha y cuando estoy a punto de agarrarla,ella me agarra de los pies y me tira al suelo de manera que queda sentada encima mio a horcajadas. Me tiene atrapada e inmovilizada.
                                                               ¿Tus últimas palabras?
         En ese momento mi puño conectó con su naríz, y por la cantidad de sangre y su grito de dolor deduzco que le rompí el tabique. No se de donde saqué la fuerza para hacerlo, pero es muy probable que se deba al desesperado deseo por salir de aquí con vida. No pierdo tiempo y la aparto de encima mío, ruedo y tomo el hacha y cuando ella me agarra de nuevo clavo con fuerza el  filo en su cuello. Ella cae y baña el césped con su sangre. Y suena el cañon, el último cañon que me corona como la vencedora.
                                                                    

Parte 3

Día 25 : La Coronación.
Cuando vi a Blight, Hailie y mi equipo de preparación, no pude evitar llorar. No sé si de alegría o de desesperación o de las dos cosas. Cuando sonó el cañon que marcaba la muerte de la chica del distrito 2, un aerodeslizador apareció y me subió. A partir de ahí, todo fue muy confuso. Gente de aca para allá, me llevaban y me traian. Me sentía tan vacía y tan culpable por haber matado a todas esas personas que no tenían la culpa de nada, que eran tan inocetes como yo. Me sentía de la peor manera posible, pero no podía permitirme llorar. Mi equipo me ayudó a calmarme y me dieron de comer. Decidieron incluso inyectarme morfilina para que pudiera dormir en paz por un rato.
Me coronaron esa misma tarde. Primero, me hicieron algunas cirugías para borrar todas las cicatrices de la arena, luego, Gigi y Blight se ocuparon de hacerme lucir hermosa y perfecta… Trataron de rellenar con algodón mis pechos y mi estomago para que no pareciera tan muerta de hambre, porque habré adelgazado al menos unos 3 kilos en los dias en los que estuve en la arena. Y yo tampoco tenía mucha masa corporal, por ende estaba demasiado delgada y los huesos de las costillas se notaban cada vez más.
El vestido que me diseñó Gigi es distinto a todo lo que usé hasta ahora. Es más...provocativo. Antes era una chica dulce y tierna que no mataría ni una mosca. Ahora luzco como una mujer orgullosa de haber derrochado tanta sangre.
Un pequeño detalle: No estoy orgullosa de nada de lo que hice en los Juegos. Estoy arrepentida y con la culpa acechando cada parte de mi cuerpo. Cada vez que recuerdo a John, la gente que maté y a todos los demás tributos, me entran ganas de llorar… pero no debo, un Vencedor no debe llorar.
La plataforma del escenario comienza a subir lentamente para arriba. Cuando llego, me encuentro con mi equipo de preparación, Hailie y Blight esperándome. El último me sonríe para animarme y hago lo que él me dijo que haga: camino hasta el centro con la cabeza en alto, como si fuera lo más importante y arrogante de este mundo. Y no hace falta que lo diga, no tengo porque actuar. No tengo nada que darles a las personas del Capitolio. Son gente ignorante, cegados por una vida de lujos y entretenimientos a costa de las muertes de otros. Me indigna.
Mi vestido es verde oscuro, sin mangas. Tiene unos detalles marrones en el pecho izquierdo. En medio, a la altura de mis muslos, se abre una gran rajadura. Llevo unos zapatos plateados que combinan con el collar blanco triangular y los aretes. El peinado que eligieron para mí, es un rodete. El maquillaje consiste en mis ojos oscuros deliñados, una sombra plateada, labial rosado y la piel brillosa.
Luego de sentarme en el trono del Vencedor, veo una recopilación de los “mejores momentos” de los Juegos del Hambre que dura tres horas. Todo esto me genera repulsión y con suerte puedo ver todas esas imágenes sin volverme loca… No entiendo como es que hay Vencedores que gritan y festejan este momento, que sonríen al ver toda esa sangre.
Cuando termina el video, el presidente Snow aparece y luego de decir unas palabras, me coloca una corona verde brillante, con pequeños dibujos de hojas y hachas en ella. Sonrío, fingiendo complacencia y deseo con todas mis fuerzas que esto termine.
Pero no termina.
Día 26: La propuesta.
Luego de la entrevista de Caesar Flickerman, en la que trato de lucir perfectamente arrogante, divertida y brutal, vuelvo a la planta número siete, acompañada de mi mentor y de Hailie. Luzco un vestido más delicado que el del día anterior pero también, más incómodo.
El estómago se me encoje al recordar que cuando llegue, John no estará allí. No, John está muerto.
A penas llegamos a la puerta, nos encontramos con dos agentes de la paz que les ordenan a Hailie y Blight que vayan por un paseo y que en media hora pueden volver.
Confundida, me guían hacia un lugar que desconozco y estoy segura que no es a nada bueno.
Llegamos a una gran oficina blanca. Me invitan a entrar y cuando lo hago, me encuentro con un hombre bajo, de cabello canoso y ojos crueles: el Presidente Snow. El culpable de todas las pesadillas que estoy segura que tendré desde ahora. La furia hierve en mi interior.
-Mucho gusto, Señorita Mason, permítame tener una pequeña charla con usted. –me dice. Les hace una seña a los agentes de la paz y estos salen de la habitación y cierran las puertas. Muy a mi pesar, obedezco las órdenes de Snow y me siento en una silla que hay allí. Sólo un escritorio de madera se interpone entre el presidente y yo.
Observo al hombre, expectante.
-Como usted debe saber, los habitantes del Capitolio la adoran… y muchos de los hombres creen que usted es más hermosa que la mayoría de las mujeres. –me informa con una sonrisita.
No entiendo a lo que va con esto, así que sigo escuchando.
-Por lo tanto, me gustaría darle una propuesta. –sigue diciendo.
-¿Cuál? –le pregunto de manera hostil.
-Si usted acepta... digamos... vender su cuerpo a los hombres o mujeres del Capitolio que la deseen, usted recibirá joyas, dinero. Lo que desee. –me responde.
Sus palabras me dejan estupefacta y tengo que hacer un gran esfuerzo por no tirarmelé encima.
-No, lo siento. Oferta rechazada. –le contesto lo más amablemente que puedo. Muerdo el interior de mi mejilla y siento la sangre en la boca.
Snow parece esperarse esa respuesta, por lo que dice:
-Si no le gustan las joyas y el dinero, pueden ofrecerle otra cosa… ¿Comida? ¿Mansiones? ¿Qué le interesaría?
-No, Presidente Snow… No acepto la propuesta ni aunque me ofrezca todo el dinero, joyas, mansiones y comida del mundo.
El asiente.
-¿Está segura, Señorita Mason? –me pregunta.
Asiento con ferocidad.
-¿En serio? No querrá terminar como Haymitch Abernathy ¿verdad? –me pregunta.
Ya había oído habar de él, pero no se a que se refiere, asi que niego con la cabeza quitándole importancia.
-¿Qué se supone que significa eso? –pregunto.
El ríe con gracia.
-Considérelo… una advertencia.
Y con estas palabras me hace una seña para que me retire, sin antes decirme que le manda saludos
a mi familia.
Día 30: El cambio.
El día que llegué a casa, me encontré con una sorpresa: no había nadie de mi familia en la estación
de tren. Ni tampoco rastro alguno de mis amigos.
Luego de saludar y dar cortas entrevistas, me escoltaron a mi nueva casa en la Aldea de los Vencedores.
Supuse que estarían todos esperándome allí.Así que abrí la puerta con una sonrisa en la cara.
Pero esa sonrisa se desvaneció cuando entré. Estaba todo vacío. No había rastro de ninguna persona. La casa era inmensa y mientras me preguntaba donde podría estar mi familia, un objeto particular respondió mi pregunta.
Una rosa blanca estaba en la mesa de la sala. Junto a ella, una nota.
Estaba paralizada. ¿Que había ocurrido? Mis manos comenzaron a temblar y como pude tome el papel y lo desdoble.  La nota rezaba:
“Su familia y amigos están en un lugar mejor. Creo que ahora sí se arrepiente de no aceptar el dinero, las joyas, las mansiones y la comida.”
Se me paró el corazón y tardé un rato en entender las palabras.
Cuando lo hice, una pequeña conversación vino a mi mente:
“-… No querrá terminar como Haymitch Abernathy ¿verdad?
-¿Qué se supone que significa eso?
-Considérelo… una advertencia. “
Un dolor en el pecho se apodera de mi. Me caigo de rodillas gritando y llorando a todo pulmón. Me quitó todo, lo que tenía,lo mas valioso.Me quitó a mis padres, a mis hermanos, mis amigos. Todo.
 Me quedo en ese estado durante horas, quizás un día, no lo se. Lo unico que se antes de que el dolor me consuma nuevamente y comience  a llorar, gritar y tirar cosas, es que no voy a dejar que esto quede así. La muerte de mi familia no va a quedar en vano. Y mientras el dolor y el cansancio se apoderan de mi, y la rosa se hace polvo en mis manos, logro susurrar:
   Snow.

Opinión

Me pareció que estuvo bien pero Johanna no gano los 71 juegos y había dicho corto, no me esperaba mas de 20 hojas. Esperaba unas 10 como mucho.

Puntaje: 80/100


2 comentarios:

  1. Hola! Johanna si ganó los 71 juegos del hambre, tengo una foto que lo prueba pero no la puedo subir-.

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  2. Hola! Johanna si ganó los 71 juegos del hambre, tengo una foto que lo prueba pero no la puedo subir-.

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