Holaa!!!
Les dejo el fanfic que hicieron los tributos!!!
Tributos –
Guerra de Fandoms
Fan-Fic
71° Juegos del
Hambre
JOHANNA MASON
Parte 1
Día 1: La
cosecha.
Ese día
el miedo se mostraba en la cara de todo el mundo. Niños, adolecentes, adultos y
viejos.
El día
está nublado y estoy segura de que lloverá en un rato. El frío se cuela como
una serpiente por nuestros cuerpos.
Todos
observan callados a la mujer del Capitolio, Hailie Thompson. Sus ropas son tan
brillantes y cegadoras como siempre. Pero la verdad es que sigo sin entender
cómo puede lucir tal cosa sin sentirse un caramelo gigante.
Dirijo mi
mirada hacia Karen y Olivia, mis hermanas pequeñas. La primera tiene diez y la
segunda dos. Me parece increíblemente cruel tener hijos: ¿Para qué tener uno si
tiene que vivir en un mundo donde la mayor diversión es ver si otras personas,
incluso alguna que quizá conoces, mueren o matan?
Mis
hermanas se encuentran junto a mi madre y mi padre, estos nos miran a mí y a mi
hermano (que está junto a los demás chicos de su edad) con preocupación,
cruzando los dedos para que los dos papeles que escogerá la mujer no digan
nuestros nombres.
-¡Queridos
habitantes del Distrito Siete, bienvenidos a una nueva Cosecha! -comienza a
decir la “cosechadora” como la llamamos en este lugar. Su voz suena tan
melodiosa y aguda como siempre- ¿Ansiosos? ¡Espero que lo estén tanto como yo!
Estoy segura que la gran mayoría de ustedes se está preguntando quienes serán
“nuestros” representantes en la 71° edición de Los Juegos del Hambre. –la mujer
sonríe alegremente. Su acento capitolense se resalta cuando nombra los juegos
mortales. - ¡Felices Juegos del Hambre, y que las probabilidades estén siempre,
siempre a su favor!
La
multitud responde con el silencio. Los padres se toman de las manos. Las niñas
intercambian miradas; y los niños tan solo bajan los ojos con angustia.
-¡Comenzaremos
con las damas! –anuncia Hailie , aún sonriendo. Sus esqueléticos dedos se
sumergen en el recipiente lleno de nombres y escogen uno al azar. Todo el mundo
aguanta la respiración. La cosechadora toma el papel y lo alisa para poder
leerlo. Justo en ese momento, el mundo se cae para mí y para mi familia.
-¡Johanna
Mason! –exclama la mujer, y su sonrisa se ensancha.
Miro para
todas partes, esperando que la chica llamada así camine hacia el escenario.
-¿Johanna
Mason? –vuelve a decir Hailie, esta vez con un dejo de pregunta en su voz.
Tardo
unos segundos en reaccionar y darme cuenta de que esa soy yo.
Yo.
Con los
labios temblando y los ojos desorbitados, me abro paso entre las demás chicas
de mi edad y voy directo al escenario. No levanto la mirada, soy presa de la
conmoción.
La mujer
ríe al verme y me da unas palmaditas en la espalda.
-Tardaste
un poquito querida, ¿verdad? ¡Supongo que la emoción no te ha dejado moverte! –
me dice. Luego mira al público, esperando que rían como ella… Pero no lo harán.
No lo harán porque saben que esto no es ningún espectáculo, no para ellos.
Asiento
con la cabeza sin escuchar realmente lo que dice. Mi cerebro, automáticamente,
comienza a preguntarse cómo sobreviviré las próximas semanas.
Un
sollozo resuena en el silencio funerario. Reconozco que pertenece a mi
hermanita Karen, que llora en el regazo de mi madre, entendiendo que quizá no
vuelva a compartir una cena con su hermana “Johy” nunca más. Mi madre la
abraza, tratando de no quebrarse. Aprieta los dientes y retiene una lágrima. Mi
padre me observa dolido desde la distancia. Sabe que debe ser fuerte y no
llorar… por lo menos no ahora. La única que no muestra señas de dolor es mi
otra hermana: es demasiado pequeña para entender lo que sucede.
-Bueno,
bueno, querida… ¿Cuántos años tienes? –me pregunta Hailie Thompson.
Desvío mi
mirada hacía ella, y la mujer tiene que repetir la pregunta para que esta logre
entrar por mis oídos.
-Diecisiete.
–respondo con un susurro apenas audible.
-¿Cuánto?
No escucho, habla en el micrófono. –me indica la cosechadora mientras me acerca
el aparato. Repito mi respuesta y esta asiente con emoción.
-Bueno,
eso está bien. – me contesta, mientras su peluca (es imposible que eso sea
cabello) color verde radiactivo se sacude cuando esta mueve la cabeza,
demostrando su evidente alegría. – Ahora, antes de proseguir con los
caballeros, me gustaría saber si hay algún voluntario que quiera presentarse en
lugar de esta hermosa jovencita.
Sé que no
lo hay, porque en todos los distritos a excepción del 1, 2, y 4, los
voluntarios son tan nulos que la gente casi ha olvidado que existen.
-Es tú
día de suerte, querida, – me informa Hailie con una sonrisa. – ningún
voluntario por ahora.
Silencio
aún más profundo que antes.
-Bueno,
ahora sí… prosigamos con los caballeros.
La mujer
vuelve a meter la mano en el recipiente, solo que esta vez en el de los chicos.
Rebusca
un poco hasta que encuentra un pequeño papel que le gusta.
Deseo con
todas mis fuerzas que no diga el nombre de mi hermano. Ya bastante tengo con el
mío ¿verdad? No sería bueno si mi hermano es elegido junto a mí. Aparte, es su
segundo año en la cosecha… las probabilidades deberían estar a nuestro favor,
por lo menos un poco.
-¡John… -
La mujer mira el papel confundida, como si hubiera algo incorrecto con el
apellido. La ansiedad me llena los pulmones… Mi hermano se llama John. “No
digas Mason, no digas Mason, no digas Mason” suplico. – Pkalugwater!
Respiro
aliviada y cierro los ojos para tranquilizarte. Johny está bien.
El chico
que corresponde al nombre, avanza al estadio aturdido, con el miedo proyectado
en el rostro. Casi siento pena por él, pero el alivio es más grande que esta.
Debe tener alrededor de catorce años. Cabello marrón oscuro como yo, y ojos
color café. Típico chico del distrito. Nada especial. Pero su posible muerte es
igual de injusta que la mía. O la de los demás tributos.
-¡Perfecto!
Querido, ¿Qué edad tienes? –le pregunta la mujer. El niño responde que tiene
catorce, justo cuanto pensaba. –Bueno, bueno, ¿Algún niño que se presente
voluntario por este encantador jovencito?
Más
silencio. Una mujer grita el nombre de su hijo y cae al piso con tristeza. El
chico no parece tener ningún hermano, amigo o familiar que se preocupe lo
suficiente por él para presentarse voluntario. La mujer sigue llorando
desesperadamente en el piso… sus gritos son lo único que se oye entre tanto
silencio.
Luego de
esto, el alcalde hace lo mismo que todos los años: lee el Tratado de Traición.
Sin embargo no presto atención… no, mi mente comienza a pensar; a formar una
estrategia… “¿Cómo ganarás esta cosa, Johanna? ¿Cómo?”
Durante
todo el tiempo que el hombre habla pienso en esto, pero no llego a una
conclusión real hasta que suena el himno y nos hacen retirarnos del estadio.
Los agentes de la paz nos escoltan a través del Edificio de Justicia y nos
dejan a cada uno en una habitación separada. Me explican que mi familia y mis
amigos vendrán allí para despedirse.
Solo
estoy sola unos minutos, y en estos, observo el lugar: sillones verdes,
alfombras caras y paredes color oro. Hermoso lugar para decirle adiós a mi
vida.
Las
puertas de madera por las que entré un tiempo atrás se abren y mi hermana Karen
entra corriendo. Me abraza las piernas mientras las lágrimas siguen recorriendo
sus ojos. Mis padres y mis otros hermanos la siguen desde atrás.
-Johy, no
te puedes ir… - me suplica Karen mientras le devuelvo el abrazo – Debes
quedarte. No te pueden alejar de nosotros.
Retengo
las lágrimas al ver su rostro suplicante ¿Cómo me despediré de esta niña?
Me siento
en un sillón y la atraigo hacia mí con otro abrazo. Comienzo a susurrarle cosas
al oído.
-Tranquila,
Kar, no pasarán más de unas semanas hasta que vuelva a verte ¿sí? Sé que
cuidarás esta familia.
Trato de
sonar tranquila y que no se me quiebre la voz… No puedo llorar, no puedo dejar
que me vean salir de aquí llorando como una niñita estúpida. Tengo que ser
fuerte.
Mis
padres se acercan y me abrazan también.
Mi madre
llora en mi hombro y la consuelo con unas palmaditas en la espalda. Esto es más
duro de lo pensé que sería.
Mi padre
le toca el hombro y ella se aleja, sabiendo que él me quiere decir algo en
privado.
Karen la
sigue, ni siquiera tienen que pedírselo… es muy perceptiva.
Las
palabras de mi padre son un susurro. Nadie más aparte de mi las oye.
-Escúchame,
Johanna, no tenemos mucho tiempo. Eres buena con el hacha… una de las mejores.
Pero no debes dejar que nadie lo note. Tienes que ser una sorpresa. Que nadie
lo espere. –me dice rápidamente.
Asentí.
Había estado pensando en lo mismo: un ataque sorpresa podría ser una buena
idea.
-Lo sé,
pienso lo mismo. Debo actuar como una débil en los entrenamientos y la arena y
luego matarlos a todos en los últimos días. –le comento con ferocidad. Asiente
y me besa la frente. Los labios me tiemblan un poco.
Mi padre
lo nota y niega con la cabeza.
-Y no
reprimas las lágrimas. Parecerás más débil e indefensa si sales llorando hecha
una cría que si sales con la cara seca y fuerte. Debes tragarte el orgullo y
actuar.
Asiento
nuevamente… Esa idea no se me había pasado por la mente. “Que inteligente
padre que tengo” Pienso.
-Puedes
ganar. –me susurra, mientras me da un beso en la frente y me agita el cabello.
Luego de esto se aleja de mí.
John se
acerca y me da un abrazo también. Sus ojos verdes –como los de mi padre- me
miran con tristeza.
-Te
extrañaré, Johanna. –me dice con un susurro. Alboroto su cabello anaranjado
(que es idéntico al de mi madre) y me largo a llorar, siguiendo la estrategia
de mi padre.
-Yo
también, John. –contesto. Y no hace falta nada más que decir entre nosotros:
con esas tres palabras nos dijimos un millón de cosas.
Por
último, la pequeña Olivia se acerca a mí, observando extrañada la escena.
-¿Adónde
vas, Yana? –me pregunta. Todavía no sabe decir mi nombre bien, así que para
ella soy su hermana “Yana”. No sé que responderle a este pequeño ser, tan
inocente y dulce.
-Yana se
debe ir por unos días, Oli. –Le contesto con una sonrisita, mientras las
lágrimas siguen cayendo por mis ojos, silenciosamente.
Ella no
entiende del todo lo que quiero decir, pero me regala un beso en la mejilla a
medida de despedida.
-Vuelve
pronto… -me pide- quizá cuando vuelvas de tu viaje puedas jugar conmigo en el
barro otra vez.
La
mención del barro me recuerda a cuando hace unas semanas ella y yo, luego de un
día de lluvia, fuimos a revolcarnos en él. Una sonrisa se dibuja en mis labios.
-Te lo
prometo.
No me
gusta hacer promesas que no pueda estar segura de cumplir, pero esta vez parece
necesario.
Lo peor,
es saber que hubiéramos podido jugar en el barro de nuevo.
Pero Los
Juegos del Hambre son más peligrosos afuera de la arena a diferencia de
adentro.
Día 3: La
Inaguración.
Mis
amigos también vinieron a despedirse. Básicamente entraron a la sala y lloraron
conmigo. Lo único que hicimos fue permanecer abrazados durante cinco minutos.
Nada más. Y para despedirnos no nos dijimos más que "Adiós". Pero
está bien.
Luego de
eso nos llevaron a la estación de tren y estuvimos viajando durante todo el día
hacia el Capitolio. Hicimos una parada en el Distrito 4 para cargar gasolina y
seguimos camino.
En el
tren conocimos oficialmente a nuestros mentores Sabille y Blight (hay más
vencedores vivos en nuestro distrito, es solo que este año les toca a ellos
educar a los tributos), si bien estaban en la Cosecha, no hablamos
personalmente con ellos hasta ese momento. Nos dijeron que cada mentor debía
seleccionar solo a un tributo. Blight, el hombre, me eligió a mí y Sabille, la
mujer, a John.
Le
expliqué a Blight mi estrategia en una habitación separada del resto donde John
y Sabille no pudieran escucharnos. El hombre me confesó que le parecía una
buena idea. Me dijo que hasta que no revelara mi instinto asesino en los Juegos
iba a tratar de mantener a los patrocinadores tranquilos, a menos que me
encontrara en una situación de vida o muerte extrema, en ese caso iba a pedir
colaboración. Me gustó su idea y me agradó el hombre en sí: llevarme bien con
mi mentor era algo bueno.
Sabille,
en cambio, era un tanto extraña. Su rostro indica que es adicta a algún tipo de
droga o alcohol. Ojos huecos y ojerosos, piel amarillenta y cabello descuidado.
Tiene mirada perdida y expresión de locura.
Luego de
hablar con los mentores, Hailie nos hizo mirar las demás Cosechas. Como todos
los años, los tributos del Distrito 1, 2 y 4, se presentan voluntarios y se los
ve fuertes y saludables. Todos los demás son un par de enclenques miserables. A
excepción del hombre del 5, que es alto y extremadamente atlético, la mujer del
9, de figura esbeltica y entrenada; y ambos del 10 y del 11: cuatro jóvenes de
mi edad fuertes y musculosos.
En total,
eso significa que la verdadera competencia son doce tributos… Demasiado para mi
gusto.
Cuando
observamos nuestra cosecha, trato de ver si luzco tan débil e idiota como
quiero. Si, lo logro. Los comentaristas de las cosechas dicen que soy “una
muchacha asustada que no entiende el honor y beneficio que se absorbe al ir a
los Juegos del Hambre”. Perfecto. Incluso John parece creérselo.
Llegamos
a nuestro destino ese mismo día, a las diez de la noche.
El lugar
estaba desierto. Uno habría esperado que la estación estuviera repleta de
capitolenses ansiosos por ver a sus tributos, pero no.
Hailie
Thompson nos guío por un gran edificio azul y enorme que según lo que nos
cuenta, es el Centro de Entrenamiento: tiene trece plantas, la primera es donde
entrenaremos y las otras doce son las individuales de cada distrito. La nuestra
está en la planta siete. A parte de nosotros, según Hailie llegaron los
tributos de los distritos 1-6. Esta misma noche llegaran los del 8 y 9. Los del
10, 11 y 12 llegaran mañana temprano.
Subimos
en ascensor hacia nuestra planta y cuando entramos al lugar, nos mostró
nuestras habitaciones (cada unas más grande que toda mi casa) y nos dijo que
nos presentáramos a cenar de inmediato y que luego de eso podíamos bañarnos e
ir a la cama. También nos informó que nos iba a despertar a las diez de la
mañana para desayunar y que a las once nos iba a llevar con nuestros
estilistas.
Al otro
día, Hailie cumple su promesa y a las once en punto, John y yo entramos a dos
habitaciones distintas donde nos esperan los estilistas.
La mía se
llama Gigi. Y por lo que me dice, la del chico se llama Gwen.
Gigi y yo
almorzamos juntas: carne de cordero con una delicada salsa agridulce de miel y
limón. Acompañado de una ensalada de verduras exóticas que hasta ahora nunca
había visto. De postre nos dan una torta de algo marrón, espeso y dulce llamado
chocolate. Al igual que ayer, casi vomito todo el almuerzo, ya que mi estomago
no está acostumbrado a tanta cantidad y variedad en una sola comida.
Luego del
almuerzo, Gigi me explica como planearon la abertura de los Juegos este año. Me
dice que al igual que siempre, quieren que los trajes recuerden al público a
los árboles.
Tras esta
información, al principio pensé que el traje que ibamos a vestir iba a ser un
desastre. Pero estaba equivocada.
No es
solo un desastre, es un desastre brilloso y verde fluorescente.
Nos
colocaron un traje elastizado que se pega a nuestros cuerpos color verde
oscuro. La tela tiene unas bolitas planas y brillantes llamadas lentejuelas por
todas partes. Son de color verde intenso y fluorescente. Tan solo verlo hace
que quieras correr la mirada. Nos obligan a ir descalzos con unas cintas con
pequeñas hojitas atadas delicadamente en los tobillos. En la cabeza llevamos
una gran melena verde que representa la copa de los árboles. Pero lo peor de
todo no es eso, no... Lo peor es que tengamos que llevar un gran hacha cada uno
"¿qué clase de idiotas son estos estilistas?" Me pregunto a
medida que tomo la mía.
John
parece preguntarse lo mismo.
Entramos
en un carruaje verde con caballos marrones.
Como
todos los años, nos sucede lo mismo que a los demás tributos de nuestro
distrito: casi nadie nos presta atención.
Lo único
que parece distinto es que, por lo menos en este, los capitolenses más
extravagantes nos señalan y aplauden por las lentejuelas… pero quitando eso,
exactamente igual que siempre. Mismo disfraz, mismo fracaso.
Me cuido
de lucir muerta de miedo en la Inauguración también: hago que el hacha tiemble
a mi lado, y mis labios no paran de moverse nerviosos. Piel pálida, ojos como
platos. Estúpida y miedosa niñita.
El
Presidente Snow, un hombre bajo y con cabello blanco como la nieve, da un
pequeño discurso al final de la Inauguración. Luego de esto nos dirigimos a
nuestras habitaciones, nos duchamos y
vamos al comedor para cenar. Mas
tarde nos hacen mirar las repeticiones de la Inauguración. Sinceramente, lo
ignoro y apenas me autorizan me voy directo a la cama: estoy agotada.
Día 7: Los
Entrenamientos.
En la
mañana del primer día de entrenamiento, Blight y yo tuvimos una charla. Él me
dijo que siguiera con el plan y que luciera débil como en los últimos días. Lo
obedezco.
Cuando
Hailie nos acompañó a la sala subterránea de Entrenamientos, mi plan comenzó.
Mis manos se movían nerviosas, mis piernas temblaban con brutalidad y mis
labios estaban rosados y palpitantes. Pero el toque especial fue que en el
ascensor hice un pequeño berrinche y lloré, diciéndole a Haile que no quería
entrar, que tenía miedo. La mujer se lo tragó (Y John también) y aunque me
sentía algo ridícula haciendo tanto escándalo me gustó comprobar que cuando
entré al lugar llorando y gimiendo todos los tributos peligrosos me lanzaron
una mirada arrogante, como si fuera una presa fácil. En mi mente sonreía.
“Vamos, idiotas, subestímenme…así cuando entremos en la arena, rogarán porque
vuelva ser esta llorona .”
Los tres
días de entrenamiento entré de una forma similar. Primero, lloré. Después,
supliqué de rodillas. Y por último, grité desesperada. En un momento tuvieron
que asistir los agentes de la paz y obligarme a entrar.
En los
entrenamientos no hacía mucho: tiraba algunas hachas de forma mediocre,
tratando de que pareciera que no me salía bien pero que me esforzaba. También
traté con los cuchillos. No me esforcé y le supliqué a los dioses que nadie lo
notara. Lo mismo hice con los tridentes y lanzas. Lo que sí traté de aprender
fue distinguir las plantas comestibles. A la mayoría las conocía de los bosques
de mi Distrito, pero había algunas pocas que nunca había visto y que
seguramente estaban en la arena. Este año había también una pequeña pileta para
aprender a nadar. Te debías colocar un traje impermeable en el baño y el
entrenador te daba algunas clases básicas.
Cada
tanto encontraba la mirada de John puesta en mi… algo me decía que ese pequeño
chico sabía lo que yo planeaba. Pero era pequeño y no parecía peligroso. Me
sentí asqueada de mi misma al encontrarme pensando que sería fácil matarlo.
Pasara lo que pasara, no mataría a un niño de catorce años… ni a este ni a
ningún otro.
Mientras
los tributos entrenamos, los Vigilantes nos observan desde la lejanía y
analizan cada uno de nuestros movimientos, tratando de adivinar quién ganaría
En los
almuerzos (que duran una hora completa), nos trasladan a un comedor y nos
informan donde debemos sentarnos. Hay cuatro mesas distintas, una en cada punta
del lugar. En cada mesa están agrupados tres distritos. El uno, dos y tres en
una mesa. El cuatro, cinco y seis en otra. El siete (el nuestro), el ocho y el
nueve en la de la izquierda; y el diez, once y doce en la de la derecha.
Supongo que el Capitolio hace esto para tratar de formar alianzas entre
nosotros más fácilmente.
En mi
mesa somos todos flacos y algo débiles a excepción de la chica del 9, que es
una de las que me llamó la atención en la Cosecha. Debe tener entre 17 y 18
años. Trató de recordar que hacen en su distrito… creo que cultivan granos, al
igual que el Distrito 11, pero también los industrializan. Por lo que sé,
tienen muchas fábricas… quizá la mujer sea fuerte, pero no debe conocer mucho
la naturaleza. Eso me da una ventaja sobre ella.
No
hablamos mucho solo comemos y nos miramos en silencio… Nadie parece querer
aliados por ahora.
En la
hora del almuerzo de ese mismo día, nos comienzan a llamar a todos para
nuestras sesiones privadas. Blight me pidió que no demostrara mis habilidades
del todo, que como máximo debo obtener un seis de puntuación. A medida que
llaman a los tributos (primero al chico y luego a la chica) el lugar se va
vaciando.
Cuando me
llaman a mí, obedezco sus instrucciones. Me retiro de la sala temblando como
siempre y tratando de llorar y parecer miedosa.
En mi sesión
privada, decido tirar algunos cuchillos y hachas… No suficientemente bien pero
tampoco del todo mal.
Los
Vigilantes no me prestan mucha atención, me ignoran y hablan entre ellos. Esto
me resulta irritante, pero decido no hacer nada y esperar a que me dejen irme.
Cuando me
retiro a la planta de nuestro distrito, John, Hailie, Blight y Sabille se
encuentran en la mesa, esperándome para tomar el té. Me siento en mi lugar y
cuando llega la comida,Gwen y Gigi entran en la sala y se unen a nosotros. Nos preguntan
cómo nos fue y ambos respondemos que nos ignoraron completamente. Nos preguntan
si seguimos el plan y ambos respondemos que sí. Una pequeña duda se aparece en
mi cabeza: ¿Cuál será el plan de John? Él debe preguntarse lo mismo
respecto a mí “¿Cuál será la estrategia de la chica llorosa?” debe decirse a sí
mismo.
Cuando
terminamos de comer, nos informan que podemos retirarnos a nuestras
habitaciones hasta la cena, y que luego de esta iremos al salón principal para
ver las puntuaciones en la televisión.
Ya en mi
habitación, me baño y ordeno algo para comer. Tengo que aprovechar la
oportunidad de comer mientras pueda.
Cuando
llega el momento de las puntuaciones, me sorprendo al ver que John recibió un
ocho ¿Un ocho? ¡Es una de las mejores puntuaciones! Me pregunto qué otras
sorpresas estará escondiendo este chico.
Cuando me
muestran a mí, mi puntuación resulta ser un cinco. No es buena, pero no es del
todo mala. Lo suficientemente baja como para que los demás tributos me ignoren
pero lo suficientemente alta como para que los patrocinadores no lo hagan; por
lo menos no durante todos los Juegos.
Después
de las puntuaciones nos vamos a dormir, agotados por la intensidad del día.
Pero antes, Hailie nos informa que mañana debemos prepararnos para la entrevista
de Caesar Flickerman, que es en un par de noches. Nos explica que tendremos
unas horas de presentación y etiqueta con ella y otras de contenido con
nuestros mentores personales.
Día 10: La
Entrevista de Caesar Flickerman.
Debo
admitir que mi vestido para la entrevista es muchísimo menos ridículo que
nuestros trajes de la Inauguración.
Es verde
oscuro, y tiene un tul muy suave que cae delicadamente. En la parte de abajo
tiene unas flores verdes hermosas, al igual que en las magas y en la cintura.
Uso unos tacos a marrón que hacen juego con los aros de plumas que llevo. El
vestido es razonablemente cómodo comparado con los tacones. Llevo un peinado
extraño y suelto, con una especie de trenzas. El maquillaje consiste en una
sombra verdosa en los ojos, polvo moreno y una fina capa de brillo labial
rosado.
Entro a
mi entrevista justo después que el tributo masculino del Distrito seis.
A penas
me llaman, pongo manos a la obra el plan que acordamos con Blight: parecer
inocente, pequeña, humilde y nada peligrosa. El atuendo y maquillaje que
eligieron para mi trata de resaltar todas esas cosas. Blight le explicó el plan
a Gigi y ella diseño todo. Tengo que admitir que lo hizo bien. Mis
maquillistas, Gregory, Fain y Lydia, dijeron que estaba hermosa. Claro que para
ellos toda la ropa es hermosa.
La
verdad, no me siento nerviosa, pero debo actuar como tal.
Caesar me
da un apretón de manos y yo sonrío con timidez.
-Hola.
–le digo con un susurro.
Él me
devuelve la sonrisa, notando como tiemblo y lo nerviosa que parezco.
-Bueno,
Johanna, debe ser extraño pasar de un lugar lleno de árboles y naturaleza a una
ciudad como el Capitolio ¿verdad? –me dice. Asiento ante su pregunta. -¿Te
gusta?
-¡Claro
que sí! ¡Es hermoso! ¡Nada se compara con esta ciudad tan maravillosa! Excepto
la comida… ¿verdad?
Caesar
ríe ante el comentario y asiente.
-Estoy de
acuerdo contigo, la comida es maravillosa.
El
público se nos une a las risas y aplauden al entrevistador.
-
Johanna… ¿Qué te parecieron tus trajes hasta ahora? ¿Te gustan?
Tuve que
mentir y decir que había adorado el traje de la Inauguración y que este lo
adoraba todavía más.
-Me
encantaría poder usarlos todos los días ¡Son excelentes! Aunque creo que me
mirarían algo raro ¿no crees? Quiero decir, se ensuciarían algo rápido en mi
distrito.
-Sí,
tienes razón… Pero quien sabe, quizá cuando ganes aparecen mágicamente en tu
casa. –me hace una seña de complicidad y me río tontamente. El público se suma.
-También
quería preguntarte algo… Recuerdo que en la Cosecha había una niña llorando…
¿acaso esa niña es tu hermana? –me pregunta.
Se me
hace un nudo en la garganta.
-Sí,
-respondo. – lo es.
-¿Tienes
más hermanos?
Asiento.
-¿Cuántos?
Le hablo
de mi familia durante el resto de la entrevista. Cuando suena el “¡GONG!”,
Caesar me desea suerte y me retiro riendo como una idiota y tratando de lucir
estúpida. Parece funcionar.
Luego de
mí, va John. En su entrevista hablan principalmente de su puntaje… A Caesar le
parece extraño que un niño de catorce haya conseguido un ocho. John le explica
que no es tan débil como parece y Caesar le contesta que eso es obvio, que
tiene tantas posibilidades de ganar como los demás. Siguen hablando por un rato
más y luego John se va.
Después
de las demás entrevistas, debemos cantar el himno y volver nuevamente a nuestra
planta.
Cuando
llegamos allí, nos espera una deliciosa cena. Luego de comer, vemos la
repetición de las entrevistas. Me observo riendo y pareciendo humilde y veo que
funciona y que cada tanto enfocan a los tributos mirándome como si fuera una
imbécil. A penas termina el espectáculo, John y yo nos despedimos de todos
menos de los estilistas y el equipo de preparación: mañana nos despertarán a la
madrugada y nos llevaran a las Catacumbas (el lugar desde donde nos enviarán a
la arena) por lo que no volveremos a ver a Hailie, Blight y Sabille a menos que
ganemos los Juegos.
-Blight,
gracias por todo… fuiste un gran mentor –le digo al hombre.
-Y
todavía no ha terminado, Johanna… te conseguiré todos los patrocinadores que
pueda. –me responde.
Sonrío.
-Gracias.
Un gusto conocerte. –le contesto.
-No me
hables como si no volviéramos a vernos… -me suplica. – En menos de dos semanas
estarás junto a mí… te lo prometo.
No me
gusta que me haga una promesa que no está seguro de poder cumplir.
-Bueno,
lo que digas. –digo de mala gana. -¿Qué hago cuando comience el baño de sangre?
-Toma una
mochila con provisiones, si puedes un cuchillo o un arma pequeña y sal de ahí
lo más rápido que puedas. Busca una fuente de agua y quédate cerca de ella,
pero no estés siempre en el mismo lugar… muévete. No dejes que te rastreen.
Asiento y
vuelvo a agradecerle. Lo abrazo y me despido de Hailie.
Después
de esto, me voy a la cama, sabiendo todo lo que me espera mañana.
No puedo
evitar sentirme verdaderamente nerviosa y la sensación que se apoderó de mí
cuando dijeron mi nombre en la cosecha vuelve a relucir.
Tardo más
o menos tres horas en dormirme. Cuando mis ojos finalmente se relajan, el reloj
marca lasdos de la madrugada. Y me despertarán a las seis
Aunque
duermo por unas horas, la ansiedad y miedo por estar cara a cara con la muerte
sigue agitándose en mi interior.
Parte 2
Los juegos
Día 11
Temprano
por la mañana, Gigi toca la puerta de mi habitación avisando que es hora de
partir.
No he
dormido casi nada pensando en lo que pueda pasar hoy. Sin embargo, estoy muy
alerta.
Cuando
logro despavilarme, voy hacia el salón principal y Gigi toma cargo de la
situación. Me dice que me duche y lo hago. Una vez que estoy limpia y seca,
ella seca mi pelo, lo peina y lo ata en un rodete. Luego me entrega la ropa que debo usar: una
musculosa negra y pantalones militares. Unas botas y un cinturon ancho. Nada
más.
Ya
vestida y peinada, dos agentes de la paz nos escoltan hacia las Catacumbas. Me
transpiran las manos y mi cuerpo tiembla. Gigi lo nota y me pasa botellas de
agua que tomo con ferocidad.
Agua. Es
lo principal. ¿Habrá agua en la arena? ¿O moriremos deshidratados? Hubo unos
juegos en los que la arena era un lugar en ruinas. Era una completa sequía, sin
árboles ni vegetación. Seco. Los tributos murieron en cuestión de días debido a
la falta de agua. Fueron unos juegos terribles. A partir de entonces, la arena
siempre tiene una fuente de agua, asi que descarto la posibilidad de que eso
vuelva a pasar.
–
Johanna – dice Gigi, trayéndome devuelta a la realidad. -
Llegamos.
Nos sentamos a esperar el momento en que
me llamen y yo deba subirme a la plataforma.
Tengo que
pensar bien que voy a hacer. Blight me había dicho que debía agarrar una
mochila con provisiones, algúna que otra arma y huir. Pero, conseguir un arma
significa entrar en el baño de sangre, puesto que es seguro que las armas esten
cerca de la Cornucopia y los profesionales vayan por ellas como si se tratara
de algo vital. Bueno, básicamente, lo es. ¿Estoy preparada para eso?
–
Si que lo estás. - me dice Gigi. La miro desconcertada y caigo en
la cuenta de que dije la ultima frase en voz alta. - Podrás hacerlo. Lo se.
En ese momento se escucha una voz que me
dice que debo ir a la plataforma. Me paro como puedo, porque las piernas no me
ceden y respiro profundo. Antes de dar un paso, Gigi me toma por los hombros y
me abraza. Yo le devuelvo el abrazo porque lo necesito, y ella es lo único que
tengo antes de entrar a ese otro mundo, un lugar horrible en el que matan por
diversión.
–
Podrás Johanna. Ganarás, lo se.
–
Gracias, Gigi.
–
Nos vemos pronto, ¿si?
Asiento, no muy segura, pero si confiada.
Me paro en la plataforma y el tubo se cierra y me eleva.
Rápidamente un aire fresco me golpea. La
plataforma se clava y veo de que se trata.
Es un bosque lleno de árboles y
vegetación, flores y por supuesto, agua. Que debo encontrar, porque no hay
rastro. Busco con la mirada a John. No logro ubicarlo.
La voz de
Claudius Templesmith, el presentador de los juegos, se deja escuchar.
–
¡Que comienzen los Septuagésimos Primeros Juegos del Hambre!
Entonces, la cuenta regresiva termina y
corremos. No hay mochilas en mi dirección pero pronto diviso una. Voy corriendo
por ella y la tomo, pero no estoy dispuesta a irme sin un arma. No se como
proveerme de una. Y la respuesta llega de la peor manera. A mi lado, cae una
chica con un gran cuchillo clavado en la espalda. Miro en todas las direcciones
para ver quien se lo lanzó y veo a una de las profesionales. La chica del 4.
Ella viene corriendo hacia mi con un hacha dispuesta a cortarme el craneo. ¡Un
hacha! Reacciono, tomo el cuchillo de la espalda de la chica y comenzamos una
batalla cuerpo a cuerpo. Esquivo los hachazos como puedo y cuando se me
presenta la oportunidad, le hundo el cuchillo en el estomago. Sangre comienza a
salir de su boca y yo me aparto horrorizada. La chica cae al suelo y me doy
cuenta de que debo salir de aquí. Tomo el hacha, porque no me atrevo a tomar el
cuchillo, mi mochila y me largo.
Corro hacia el bosque, esperando que los
arboles me sirvan de camuflaje. Cuando siento que me alejé lo suficiente del
peligro, me detengo y observo el lugar. Es un lugar hermoso. Es una pena que
sea utilizado para esto.
Veo unos grandes arbustos que me
servirán como escondite y no lo dudo. Me siento detrás de ellos y comienzo a
revisar lo que tengo.
La mochila que yo tomé en primer lugar
tiene una soga, un gancho que me sirvie para trepar, una bolsa de dormir y una
botella. Vacia. Claro, como si los Vigilantes fueran a darme agua. ¿Por qué iban a hacerlo? Es mas entretenido
que nos matemos por conseguirla. Por eso, ¿qué mas da lo que una chica
piense?
El aire es fresco, pero mi cuerpo
necesitará el agua dentro de unas horas y las botellas que tomé antes de entrar
a la arena no me van a ser suficientes. Decido seguir buscando, así que me
levanto y con hacha en mano me adentro más y más en el bosque.
No se cuantas horas pasan, pero siento que
voy caminando en círculos. No hay rastro de agua, por lo que me detengo,
agotada y armo una especie de campamento cerca de unos grandes árboles. Recorro el perímetro en busca de plantas
comestibles que puedo identificar con facilidad. Conozco los arboles y las
plantas de memoria y obtuve unos conocimientos en los entrenamientos también.
Se que se puede comer y que no, por ende no corro peligro de intoxicarme. Logro
juntar unas moras, bayas y hojas y las raciono. De todas formas, el hambre no
es lo que mas me preocupa. De repente, suenan los cañones. Los cuento y son 10
tributos caídos en total. Quedamos 14.
Se hace de noche muy pronto para mi gusto
y mi cuerpo ya esta pidiendo agua. Cansada, ignoro el hecho de que mi lengua
parece lija y me duermo. No me preocupa el hecho de que me ataquen puesto que el
sonidito de una rama me despierta y porque ademas, es muy dificil que me
encuentren.
Horas despues, el himno de Panem me
despierta y las fotos de los tributos caidos iluminan el cielo. El chico del 3
aparece primero, seguido de la chica del 4. Verla me produce un nudo en el
estomago. Ella fue mi primer asesinato. Yo la maté. Estas son cosas que te
dejan marcada de por vida. La chica del 5 es la siguiente. Supuse que el chico
de su distrito seguiría vivo. Los dos del 6 y nuestro distrito es salteado. Eso
significa que John sigue con vida. Me pregunto dónde estará, si está bien y
tiene provisiones suficientes como para sobrevivir. Continúan las imágenes con
los dos del 8 y reconozco a la chica. Es la que cayó a mi lado con el cuchillo
en su espalda. El chico del 9, el chico del 10 y la chica del 11. Sello de
Panem y devuelta a la oscuridad.
Día 12
La mañana fue una tortura. Me costó mucho
poder levantarme y seguir caminando.
Debía buscar una fuente de agua urgente.
Caminé por muchas horas, no se cuantas, pero
fue una eternidad. Me dispuse a juntar mas moras para distraerme cuando escuché
gritos.Luego, dos cañonazos. Me puse super alerta y mire para todos lados. Escuchaba el ruido de pisadas muy próximas a
mi. Me voltee y vi a la chica del 10 y al chico del 11. Ella lo ayudaba a caminar ya que él se veía
realmente mal. Cojeaba y por el tajo que tenía en su pierna deduje que era una
herida muy profunda.Al parecer había una alianza entre esos distritos. Me
agaché para evitar que me vieran, pero era inutil porque no eran una amenaza
para mi. Él estaba herido y ella agotada. Los hubiese acabado en un minuto,pero
alguien me sacó la horrible tarea . Un chico salió de los arbustos y se
enfrentó con la chica que se defendió
como pudo, pero acabó con un tajo en el cuello. Él chico del 11 gritó, pero fue
inutil y termino muerto también y a los dos segundos se escucharon los cañones.
Fue en ese entonces que me di cuenta de quien era él. Era John. Él se dió
cuenta de mi presencia y se dió la vuelta.
–
¿Johanna?
Salgo de
mi escondite y lo observo. No se parece en nada al chico del tren. Esta es una
versión mas sinisestra de él. Tenía razón con respecto a lo que le dijo a
Caesar: ”No soy tan débil como creen”
–
John – digo pero mis voz es como un susurro.
De
repente me invade el miedo de que él pueda hacerme algo. Apreto el hacha con
fuerza en caso de que decida atacarme. Sin embargo permanece allí parado.
–
No voy a hacerte daño, Johanna.
No estoy
muy segura de confiar en él por lo que me limito a mirarlo.
–
Tranquila – me dice y estira su mano - ¿Aliados?
Dudo pero
termino cediendo. Después de todo, es de mi distrito.
–
Aliados – respondo y tomo su mano.
Avanzamos unos metros para dejar que se lleven los cuerpos.
–
Pense que no pasarías el baño de sangre. - comenta, rompiendo el
silencio.
–
Yo pense lo mismo sobre ti. - Supongo que su plan tambien era
parecer débil para pasar desapercibido -
Por casualidad, ¿Has encontrado agua?
–
Sí – él saca una botella similar a la mía; está por la mitad. -Es
lo único que me queda. Tómala, la necesitas mas que yo.
Miro la
botella, es lo unico que nos queda y ya no soy la únca. Él también pronto la
necesitará.
–
Tómala -me obliga - Se donde encontrar más.
La acepto
y me obligo a tomarla traguito a traguito. Mi cuerpo se relaja al instante,
feliz de ser escuchado.
–
El único problema - dice
John – es que ya no tengo acceso a ella.
–
¿Cómo?
–
Encontré un lago y me quede allí. Pero luego aparecieron y tuve
que irme, no quería que me mataran.
–
¿Quiénes?
–
El chico del 5 y la chica del 9. No me atreví a enfrentarlos, por
eso me fui. Pero puedo volver, recuerdo el camino.
Debí
suponerlo. Tanto él como ella, ambos son muy fuertes. Consiguieron puntuaciones
altas en los entrenamientos individuales y deben de tener entrenamiento. Claro
que él no podrá solo.
–
¿Has visto algo más? ¿Alguna alianza?
–
Los distritos 1 y 2.
–
Obviamente.
Evalúo
todas las opciones posibles. ¿Quién sabe si no lo hacemos, cuanto tiempo mas
vamos a sobrevivir? Ninguna persona en su sano juicio lo haría. Es un sin
sentido. Dos enclenques como John y yo contra los tributos del distrito 5 y 9.
Sin embargo, no hay mucho por hacer.
–
Vamos a enfrentarlos.
Él me
mira desconcertado y con los ojos muy abiertos.
–
¿Qué? ¿Estás loca? ¿No viste su tamaño? Son letales. Déjemoselo a
los profesionales.
Ruedo los
ojos. Acaba de matar sin piedad a otros dos tributos y ahora tiene miedo de
enfretar a otros. Probablemente sea eso. Él los mató porque estaban débiles, en
cambio el chico del 5 es el triple de su tamaño y bastante activo, lo mismo se
puede decir de la chica del 9.
–
¿Tenemos otra opción? ¿O planeas morir deshidratado?
Él parece
pensárselo y termina por aceptar.
–
De acuerdo.
Ya que él
es que sabe donde encontrar el supuesto lago, lo dejo liderar la marcha. Nos
detenemos cada tanto y el revisa los árboles en busca de alguna señal.
–
Marqué los áboles – comenta – para poder volver.
Seguimos
caminando unos minutos mas hasta que damos con él. En efecto, alguien estaba
cuidando el lago. Pero no había rastro de ningún tributo. Solo habia
provisiones.
–
Tendremos que ser rápidos. Llenar las botellas e irnos.
John
asiente y avanzamos. Logramos llenar ambas botellas y cuando estamos por irnos,
un cuchillo pasa a dos centimetros al lado de mi cabeza. Ambos reaccionamos y
nos damos vuelta para encontrarnos con la chica del 9. Ella corrió hacia
nosotros y se abalanzó sobre mí. Con su cuchillo me hizo un corte el el brazo,
John intentó clavarle un cuchillo en la esplada, pero fue mas rápida y lo
golpeó en la cabeza dejándolo inconciente. Luego volvió a mi, pero recuperé
mi hacha que había soltado del susto y
se la clavé en el pecho. El chico del 5 nunca apareció. Ella cayó al piso y
sonó el cañón. Corrí hacia John y le tiré agua para que despertara. Tardo unos
minutos en estar del todo conciente. Estaba confundido y mareado. Lo obligue a
sentarse y a tomar agua; obedeció sin objetarse.
Antes de
irnos, tomo todas las provisiones y nos
alejamos. Cuando estamos lejos, encunetro unos arbustos y nos sentamos detras
de ellos para ocultarnos. John sigue un poco atontado por el golpe por lo que
le digo que descanse y que yo monto guardia.
Mientras
duerme, observo las provisiones. En lo principal, había comida. Manzanas,
galletitas saldas y tiras de carne.Dos botellas, llenas de agua.Más las
nuestras, ya son cuatro. Un cuchillo, un saco de dormir y vendas.También moras
y bayas.Unas moras llamaron mi atención. No las conocía de mi distrito, pero si
las vi en el entrenamiento. Eran moras tóxicas. No me equivocaba cuando creía
que tendría ventaja sobre ella al saber que plantas comer y que no. Podría
haber muerto de todas formas. Me deshago de ellas.
Decido
racionar los alimentos para poder sobrevivir unos cuantos dias. Como una
manzana y dos galleta salada. No tengo
mucha hambre despues de todo. Lo que si hago es terminarme una botella yo sola.
Necesitaba saciar mi sed.
Ya mas
relajada, despierto a John, que se sobresalta. Lo calmo y lo despierto para que
coma un poco.
–
¿Dónde crees que estaba el chico del 5? - suelto de repente
–
No lo se – contesta- pero no estará muy feliz al ver que robamos
toda su comida.
Río ante
su comentario y el también, pero luego se pone serio.
–
Eso se va a infectar. - me dice y veo que se refiere al corte del
brazo. No es profundo, pero si no lo curo, podría ponerse feo.
–
Espera – John saca de su bolsillo unas plantas que no reconozco y
las mastica. Luego las escupe en una de las vendas y me la ata al brazo. - Son
plantas medicinales. Conozco algunas.
–
Gracias, John. - Él asiente y continúa comiendo.
La noche
cae rapidamente sobre nosotros y tanto la oscuridad como los arbustos nos
camuflan bastante bien. Sin embargo hay que estar alerta.
–
Duerme. Yo hago la guardia. - él parece quejarse y yo lo ignoro -
Cuando me canse, prometo despertarte.
Termina
por aceptar y se duerme. A cabo de unas hora el himno de Panem suena por todo
el estadio. John se despierta y observa el cielo que muestra las imagenes de
los tributos. La chica del 9 es la primera seguida de la chica del 10 y el
chico del 11. Y por último los dos del 12. Éstos últimos habrán sido los primeros
cañones que escuché por la mañana.
–
Si quieres, duerme. Yo no estoy cansado.
Asiento,
porque yo si lo estoy, y me sumerjo en un profundo sueño.
Día 16
Los
ultimos días han transcurrido con total normalidad. Bueno, si consideramos
normal el hecho de que no ha muerto nadie. John y yo fuimos varias veces al
lago para proveernos de agua. Seguía sin haber rastro del chico del 5. Quizá
creyó que los profesionales eran los que habían matado a la chica del 9 y por
eso se alejó. Las prosibilidades son muchas. Mi brazo también estaba mejor. Las
plantas que me había puesto John en el brazo no habían sido suficientes y mi
brazo estaba hinchado y puzante. Entonces la ayuda de Blight llegó. Una especie de pomada para los cortes. Me
coloqué la venda con las plantas y la pomada y
sanó de inmediato.
Entrada
la tarde, John y yo salimos a recolectar ya que la comida estaba escaseando y
había que tener provisiones. Él me enseñó los distintos tipos de plantas
medicinales que había y yo le mostré las bayas, moras y plantas comestibles,
sin embargo, nunca lo aprendió porque varias veces tuve que obligarlo a escupir
moras venenosas. En un momento le dije:
–
Ve a buscar agua, yo me quedo para recolectar.
–
De acuerdo.
Junte muchas moras y bayas. Tambien plantas
medicinales por si acaso y cambié mi venda, tal como había visto a John
hacerlo.
El sol se estaba poniendo y John no
regresaba. No escuché un cañon, asi que descarte la idea de que hubiese muerto,
pero si escuche gritos. Salí disparada hacia ellos y encontre de donde provenían.
El chico del 5 estaba sentado a horcajadas encima de John tratando de clavarle
un cuchillo en la frente. No se como es que John pudo enfrentarse cuerpo a
cuerpo con el teniendo en cuenta su tamaño, pero no me pare a pensarlo porque
cuando el chico del 5 iba a clavarle el cuchillo yo clavé mi hacha en su
espalda. Sangre brotó de su boca y salpicó a John.El cañón no tardó en
aparecer. El chico cayó encima de John y lo aparté para que pudiera salir. Era
realmente pesado. Nuevamente me horrorize al ver que la que mató al chico fui
yo. Pero lo que mas impresión me dió fue el gran corte que tenía John en la
parte abdominal. Honestamente, no se como no murió.
Llene rapidamente las botellas y arrastré a
John hacia donde estaba nuestro campamento. Lo recosté en el saco de dormir y
le quité la camisa. Estaba empapada de sangre, y lo que siguió despues no fue
muy agradable de ver. El corte no era demasiado profundo, pero era serio.
Limipié su herida con agua y mestiqué una y otra vez las plantas. Desenrollé
una venda, puse las plantas y un poco de pomada y se la até alrededor del cuerpo para que
permaneciera apretado. Pero John estaba moribundo.
Después de volver a cambiarle la venda y de
que lo obligara a hidratarse, John se durmió. Agotada y asustada por lo que
pueda pasarle, traté de mantenerme despierta, pero no pude.
Día 18
Por la
mañana, la voz de Claudius Templesmith, retumbó por todo el estadio.
–
Atencion tributos, por la tarde se celebrará un banquete. En él
podrán encontrar lo que cada uno sabe, necesita con urgencia. Esta es la única
oportuidad, no la desaprovechen.
John
despierta peor que nunca. Le cuesta formular palabras y cada vez está mas
débil. No puedo quedarme aquí. Tengo que sanarlo. Al parecer la medicina no fue
suficiente. Probablemente debido a la magnitud de corte. Asi qué cuando cae la tarde me dirijo a la
Cornucopia.
Permanezco
escondida entre los arbustos con el hacha en la mano y el cuchillo en el
cinturón. Y observo. Hay cajas metalicas esparcidas cerca del gran cuerno. Cada
una tiene el numero del distrito correspondiente a los tributos que quedan
en juego. Cuando Claudius anuncia que el banquete
comienza salgo disparada hacia la caja que contiene el numero 7. Pero no llego
muy lejos ya que el cuchillo clavado en la pantorrilla me lo prohibe.Grito de
dolor y lo quito. Me levanto a rastras. La chica del 3 viene corriendo hacia mí
con una espada en alto , pero me levanto y la bloqueo con el hacha. Ella
intenta clavarme la espada y la esquivo. Entonces ella me pega una patada en la
boca del estomago que hace que el aire se me vaya por unos minutos. Aprovecha
la ocación y se me tira encima pero yo soy rápida y le clavo unas 5 veces el
cuchillo en la panza. Muere instantaneamente. Me la saco de encima sin sentir
pena alguna y sigo corriendo.
La escena
que se está dando en la cornucopia me recuerda al primer dia de los juegos. Es
un gran baño de sangre. Los profesionales se estan enfrentando. Al parecer su
alianza no duró demasiado. Yo corro por mi mochila en el momento en el que el
chico del 1 le clava un puñal al chico del 2. Entonces el chico toma su caja,
la del distrito 2 y se larga. Yo sigo buscando la que me pertenece. Cuando doy con ella el
chico del 4 se cruza en mi camino y me golpea en la nariz. Sangre, mucha sangre
brota de ella y me hace reaccionar . Le lanzo con todas mis fuerzas el hacha
que se termina por clavar en su cabeza. No me detengo a ver como muere
desangrado, asique tomo mi hacha, la caja y me voy.
De
regreso al campamento que armamos con John comienzan los cañones. Los cuento.
Uno, dos, tres, cuatro. El cuarto me llama la atencion, y cuento de nuevo. La
chica del 3 y el chico del 4. Ambos los maté yo. El chico del 2 y no se me
ocurre nadie más. A no ser...
Corro lo
mas rápido que la pierna me deja . Y cuando llego me encuentro con John.Tirado
en el cesped. Muerto.
Me acerco
a su cuerpo, todavía tiene la temperatura normal, pero ya no tiene pulso.
Lágrimas salen de mis ojos como lluvia. John se fue. John, el chico que me sanó
la herida del brazo, el que prefirió hacer una alianza antes que matarme, el
que me ayudó a sobrevivir. Ya no está. No puedo hacer nada salvo juntar todas
las provisiones y marcharme para que puedan llevarse su cuerpo.
Llevo
unos cuantos metros caminando cuando el aerodeslizador se lleva a John. Lloro
en silencio por él y por su familia. Pero hay un sentimiento mas profundo que
la tristeza en estos momentos: el enojo. El enojo hacia esas personas que nos
someten a esto, que nos obligan y nos maltratan. No planeo seguir las reglas de esto. Lo único que deseo es
salir de esta pesadilla.
Sigo
caminando hasta que la pierna ya no me responde y me detengo a ver la gravedad
del corte. Pequeño y no tan profundo. Abro la caja del banquete que,
claramente, contiene la medicina destinada a John. Me coloco una especie de
crema color rosa en la herida y un alivio me recorre el cuerpo. Es más efectiva
que la pomada que me envió Blight. Tomo agua, una botella completa y como las
ultimas galletas saladas con algunas bayas y algunas moras. Busco un buen escondite
para pasar la noche y me duermo con la ira floreciendo dentro de mí.
Día 20
El día de
ayer, caminé casi todo el día buscando a los demas tributos, decidida a
terminar esto. Pero no encontré nada. Me alejé del lago, e incluso volví a la
Cornucopia. Nadie. Parecía como si todos se hubieran ido y me hubieran dejado a
mi en la arena. Asique acampé cerca de la Cornucopia para ver si alguien
aparecía. Nada. LLegada la noche, me camuflé con las hojas lo más que pude y
esperé.No dormí en toda la noche y cuando el sol comenzaba a salir, caí
rendida.
Cuando
despierto, el sol se esta poniendo y
sigue sin haber rastro de los otros tributos. Me levanto y camino por alrededor del cuerno. Cada vez mas
desconcertada. Y derepente lo escucho. Gritos. Muchos gritos, no distingo bien
de quien. Si de mujer o de hombre. Y algo más. Un ruido extraño. Como un
graznido.
De
pronto, los tributos del 1 salen corriendo del bosque perseguidos por una
bandada de cuervos, o algúna especie de pajaro del capitolio. Un muto. Sin embargo,
ellos llegan mas rápido y soy testigo de una carnicería. Los pajaros arrancan
la carne del cuerpo de los tributos a tirones. Desde donde estoy puedo ver el
tamaño de los colmillos de esos pajaros. Mutos, sin duda alguna. Es realmente
horrible ver esto. Justo cuando estoy por irme suenan los cañones que marcan la
muerte de los tributos . Me alejo horrorizada y no me atrevo a mirar atrás. El
aerodeslizador llega y las aves salen volando perdiendosé en el horizonte.
Retiran los cuerpos de los tributos (o lo que queda de ellos) y de nuevo
silencio.
En ese
moento comienzo a pensar que todo acabó, que ya gané, que sobreviví. Pero
despues caigo en la cuenta de que no soy la única persona en la arena. Hay
alguien más conmigo.
Día 21
La noche
fue fría, la peor noche de la arena. Símbolo de que todo termina. No ha dejado
de llover en todo el día tampoco y ya me estoy cansando. Lo único que quiero
hacer es escapar de este lugar. No puedo permitirme estar ni un segundo mas, si
no, voy a enloquecer. Dejo todo mi campamento y recorro todo el perímetro de la
Cornucopia con el hacha en la mano. Después me atrevo a alejarme un poco más.
El barro me dificulta el caminar, pero me mantengo firme.
Unas
cuantas despues soy consciente de que recorrí mas de la mitad de la arena.
Decido volver a la Cornucopia en busca más armas. Pero cuando llego no hay
nada. Mis cosas no están. Miro para todas partes y no encuentro a nadie. Pero
si escucho bien claro lo que me gritan.
–
¿Buscás esto? - La chica del distrito dos agita mi botella de agua
con una sonrisa maliciosa.
Eso es todo. Por fin apareció y no voy a
tener piedad. Voy a terminar con esto de una vez. Agarro con firmeza mi hacha y
camino a pasos agigantados hacia ella. Debo decir que tiene un gran cuchillo,
pero eso no me intimida en lo más mínimo. Cuando estoy a metros de ella me
detengo. Ella lanza lejos la botella y
toma con firmeza su cuchillo.
–
Despedite de tu distrito y tu familia – me avisa. Y es ahí cuando
la batalla comienza. Corro hacia ella y nuestras armas chocan, ella se suelta y
trata de clavarme el cuchillo en el pecho pero yo la esquivo y le haco un corte
en el brazo. Ella ni se inmuta y sigue tratado de reducirme. Su cuchillo me hace un corte en la mejilla y
otro a la altura del codo. El corte arde, pero me digo a mi misma que no es
momento de mariconear. Ella aprovecha y se abalanza sobre mi con el arma, yo la
detengo a tiempo y ella retrocede.
No me he
dado cuenta, pero tiene varios cortes más en los brazos , el pecho y la cara.
Corro con el hacha hacia ella y me esquiva. Me toma desprevenida y me patea la
muñeca haciendo que el hacha salga volando. Se aproxima a mi con el cuchillo y
me hace varios cortes, uno de ellos es en el muslo derecho, el cual me produce
un gran dolor. Como puedo corro hacia el
hacha y cuando estoy a punto de agarrarla,ella me agarra de los pies y me tira
al suelo de manera que queda sentada encima mio a horcajadas. Me tiene atrapada
e inmovilizada.
–
¿Tus últimas palabras?
En ese momento mi puño conectó con su
naríz, y por la cantidad de sangre y su grito de dolor deduzco que le rompí el
tabique. No se de donde saqué la fuerza para hacerlo, pero es muy probable que
se deba al desesperado deseo por salir de aquí con vida. No pierdo tiempo y la
aparto de encima mío, ruedo y tomo el hacha y cuando ella me agarra de nuevo
clavo con fuerza el filo en su cuello.
Ella cae y baña el césped con su sangre. Y suena el cañon, el último cañon que
me corona como la vencedora.
Parte 3
Día 25 :
La Coronación.
Cuando vi a Blight, Hailie y mi
equipo de preparación, no pude evitar llorar. No sé si de alegría o de
desesperación o de las dos cosas. Cuando sonó el cañon que marcaba la muerte de
la chica del distrito 2, un aerodeslizador apareció y me subió. A partir de
ahí, todo fue muy confuso. Gente de aca para allá, me llevaban y me traian. Me
sentía tan vacía y tan culpable por haber matado a todas esas personas que no
tenían la culpa de nada, que eran tan inocetes como yo. Me sentía de la peor
manera posible, pero no podía permitirme llorar. Mi equipo me ayudó a calmarme
y me dieron de comer. Decidieron incluso inyectarme morfilina para que pudiera
dormir en paz por un rato.
Me coronaron esa misma tarde.
Primero, me hicieron algunas cirugías para borrar todas las cicatrices de la
arena, luego, Gigi y Blight se ocuparon de hacerme lucir hermosa y perfecta…
Trataron de rellenar con algodón mis pechos y mi estomago para que no pareciera
tan muerta de hambre, porque habré adelgazado al menos unos 3 kilos en los dias
en los que estuve en la arena. Y yo tampoco tenía mucha masa corporal, por ende
estaba demasiado delgada y los huesos de las costillas se notaban cada vez más.
El vestido que me diseñó Gigi es
distinto a todo lo que usé hasta ahora. Es más...provocativo. Antes era una
chica dulce y tierna que no mataría ni una mosca. Ahora luzco como una mujer
orgullosa de haber derrochado tanta sangre.
Un pequeño detalle: No estoy
orgullosa de nada de lo que hice en los Juegos. Estoy arrepentida y con la
culpa acechando cada parte de mi cuerpo. Cada vez que recuerdo a John, la gente
que maté y a todos los demás tributos, me entran ganas de llorar… pero no debo,
un Vencedor no debe llorar.
La plataforma del escenario
comienza a subir lentamente para arriba. Cuando llego, me encuentro con mi
equipo de preparación, Hailie y Blight esperándome. El último me sonríe para
animarme y hago lo que él me dijo que haga: camino hasta el centro con la
cabeza en alto, como si fuera lo más importante y arrogante de este mundo. Y no
hace falta que lo diga, no tengo porque actuar. No tengo nada que darles a las
personas del Capitolio. Son gente ignorante, cegados por una vida de lujos y
entretenimientos a costa de las muertes de otros. Me indigna.
Mi vestido es verde oscuro, sin
mangas. Tiene unos detalles marrones en el pecho izquierdo. En medio, a la
altura de mis muslos, se abre una gran rajadura. Llevo unos zapatos plateados
que combinan con el collar blanco triangular y los aretes. El peinado que
eligieron para mí, es un rodete. El maquillaje consiste en mis ojos oscuros
deliñados, una sombra plateada, labial rosado y la piel brillosa.
Luego de sentarme en el trono del
Vencedor, veo una recopilación de los “mejores momentos” de los Juegos del Hambre
que dura tres horas. Todo esto me genera repulsión y con suerte puedo ver todas
esas imágenes sin volverme loca… No entiendo como es que hay Vencedores que
gritan y festejan este momento, que sonríen al ver toda esa sangre.
Cuando termina el video, el presidente
Snow aparece y luego de decir unas palabras, me coloca una corona verde
brillante, con pequeños dibujos de hojas y hachas en ella. Sonrío, fingiendo
complacencia y deseo con todas mis fuerzas que esto termine.
Pero no termina.
Día 26: La propuesta.
Luego de la entrevista de Caesar
Flickerman, en la que trato de lucir perfectamente arrogante, divertida y
brutal, vuelvo a la planta número siete, acompañada de mi mentor y de Hailie.
Luzco un vestido más delicado que el del día anterior pero también, más
incómodo.
El estómago se me encoje al
recordar que cuando llegue, John no estará allí. No, John está muerto.
A penas llegamos a la puerta, nos
encontramos con dos agentes de la paz que les ordenan a Hailie y Blight que
vayan por un paseo y que en media hora pueden volver.
Confundida, me guían hacia un
lugar que desconozco y estoy segura que no es a nada bueno.
Llegamos a una gran oficina
blanca. Me invitan a entrar y cuando lo hago, me encuentro con un hombre bajo,
de cabello canoso y ojos crueles: el Presidente Snow. El culpable de todas las
pesadillas que estoy segura que tendré desde ahora. La furia hierve en mi
interior.
-Mucho gusto, Señorita Mason,
permítame tener una pequeña charla con usted. –me dice. Les hace una seña a los
agentes de la paz y estos salen de la habitación y cierran las puertas. Muy a
mi pesar, obedezco las órdenes de Snow y me siento en una silla que hay allí.
Sólo un escritorio de madera se interpone entre el presidente y yo.
Observo al hombre, expectante.
-Como usted debe saber, los
habitantes del Capitolio la adoran… y muchos de los hombres creen que usted es
más hermosa que la mayoría de las mujeres. –me informa con una sonrisita.
No entiendo a lo que va con esto,
así que sigo escuchando.
-Por lo tanto, me gustaría darle
una propuesta. –sigue diciendo.
-¿Cuál? –le pregunto de manera
hostil.
-Si usted acepta... digamos...
vender su cuerpo a los hombres o mujeres del Capitolio que la deseen, usted
recibirá joyas, dinero. Lo que desee. –me responde.
Sus palabras me dejan estupefacta
y tengo que hacer un gran esfuerzo por no tirarmelé encima.
-No, lo siento. Oferta rechazada.
–le contesto lo más amablemente que puedo. Muerdo el interior de mi mejilla y
siento la sangre en la boca.
Snow parece esperarse esa
respuesta, por lo que dice:
-Si no le gustan las joyas y el
dinero, pueden ofrecerle otra cosa… ¿Comida? ¿Mansiones? ¿Qué le interesaría?
-No, Presidente Snow… No acepto
la propuesta ni aunque me ofrezca todo el dinero, joyas, mansiones y comida del
mundo.
El asiente.
-¿Está segura, Señorita Mason?
–me pregunta.
Asiento con ferocidad.
-¿En serio? No querrá terminar
como Haymitch Abernathy ¿verdad? –me pregunta.
Ya había oído habar de él, pero
no se a que se refiere, asi que niego con la cabeza quitándole importancia.
-¿Qué se supone que significa
eso? –pregunto.
El ríe con gracia.
-Considérelo… una advertencia.
Y con estas palabras me hace una
seña para que me retire, sin antes decirme que le manda saludos
a mi familia.
Día 30: El cambio.
El día que llegué a casa, me
encontré con una sorpresa: no había nadie de mi familia en la estación
de tren. Ni tampoco rastro alguno
de mis amigos.
Luego de saludar y dar cortas
entrevistas, me escoltaron a mi nueva casa en la Aldea de los Vencedores.
Supuse que estarían todos
esperándome allí.Así que abrí la puerta con una sonrisa en la cara.
Pero esa sonrisa se desvaneció
cuando entré. Estaba todo vacío. No había rastro de ninguna persona. La casa
era inmensa y mientras me preguntaba donde podría estar mi familia, un objeto
particular respondió mi pregunta.
Una rosa blanca estaba en la mesa
de la sala. Junto a ella, una nota.
Estaba paralizada. ¿Que había
ocurrido? Mis manos comenzaron a temblar y como pude tome el papel y lo
desdoble. La nota rezaba:
“Su familia y amigos están en un
lugar mejor. Creo que ahora sí se arrepiente de no aceptar el dinero, las
joyas, las mansiones y la comida.”
Se me paró el corazón y tardé un
rato en entender las palabras.
Cuando lo hice, una pequeña
conversación vino a mi mente:
“-… No querrá terminar como Haymitch
Abernathy ¿verdad?
-¿Qué se supone que significa
eso?
-Considérelo… una advertencia. “
Un dolor en el pecho se apodera
de mi. Me caigo de rodillas gritando y llorando a todo pulmón. Me quitó todo,
lo que tenía,lo mas valioso.Me quitó a mis padres, a mis hermanos, mis amigos.
Todo.
Me quedo en ese estado durante horas, quizás
un día, no lo se. Lo unico que se antes de que el dolor me consuma nuevamente y
comience a llorar, gritar y tirar cosas,
es que no voy a dejar que esto quede así. La muerte de mi familia no va a
quedar en vano. Y mientras el dolor y el cansancio se apoderan de mi, y la rosa
se hace polvo en mis manos, logro susurrar:
– Snow.
Opinión
Me pareció que estuvo bien pero Johanna no gano los 71 juegos y había dicho corto, no me esperaba mas de 20 hojas. Esperaba unas 10 como mucho.
Puntaje: 80/100